Yo iba a hablar, escribir la noche en la distancia, no a nombrarte una y otra vez desde el ritmo lento de mis dedos en el teclado. Sé que me arrancás cosas, de a poco vas quitando a jirones palabras, gestos. Y siento miedo, infinito profundo miedo de mi misma contigo, sintigo. No sé si vas a entender esto que sucede, pero eso ya no importa. Lo que importa, desde mi más absoluto egoísmo, es que yo me sienta, te sienta, me descubras, te descubra en ese pedacito de universo que forman tu brazo extendido y mi cabeza en tu pecho: desde el rítmico pulso de tu corazón en mi oído.
Y cuando nos besamos, animales húmedos, tibios recorren mi boca, van adentrándose por la garganta hasta llenar cada espacio de mi cuerpo. Y yo me dejo hacer, no tengo ya escapatoria. Me dejo hacer como esta noche tejida de palabras, donde asomás burlón en cada línea para mostrarte lejano, soberano de mis días.
Quién explicará esto que sucede?. Esta imperiosa necesidad, en medio de la agonal de nuestros cuerpos, de decirte viento, mientras tus manos me recorren, conociéndome. Ahhhy de mí, inocente niñocancodrilo!. Por qué contigo que eres tan, justamente ha venido a inaugurarse este tiempo de jirafas gordas?. Y nuevamente pienso en mi miedo, esa letanía que me deja en el espacio seguro de mi nervio, de mis juguetes, mis libros. Este miedo que me atraviesa cada vez que te siento lejos. Miedo porque sospecho, desde el fondo de tus ojos, que eres libre, que no podré retenerte y sin embrago todo está articulado para que nos hagamos una vez más cada día.
Una manada de animales se desata de mi pecho cada vez que me tocas, que me buscas. Por qué tus brazos pueden adivinar el momento preciso en que quiero soltarme, anudar el sueño en soledad?. Ellos no me dejan salir, me retienen y yo los dejo hacer, me entrego a la prisión que me ofrecen.
Ahhy mi niñocancodrilo!, mi día se hila de suspiros. A cada segundo puedo morir y renacer. Yo que me creía soberbia en mimisma. Y la incansable máquina del tiempo nos está sucediendo, cada vez me deja más cerca, más expuesta a tu último zarpazo.
Sé que esto es verdad. Es verdad sentirte vibrar entre mis piernas. Es verdad tu paso al caminar. Es verdad el gesto con que me miras cada vez que el amor nos deshace. Es verdad tu cambio, ese acelerado proceso hacia el encuentro de vos mismo. Es verdad el día y la noche. Es verdad la forma en que rescatas la sintaxis para explicarte tan similar, paralelo, distante. Finalmente, es verdad que te quiero desde hace tantos calendarios, sin que aún me quieras todavía. Y es verdad que eso dé miedo, mas que no duela aún.
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