Son las dos de la tarde de un espléndido día de sol, mas en lo pequeñito de mi corazón es la triste soledad funesta, infinita de tu ausencia. Hace una hora acaba de terminar mi cursito de Borges, realmente ha sido un alivio haberlo hecho. Y el planteo es el mismo que hace unos cuantos años: qué hacer con tanta cosa que entiendo, con tanta cosa que no entiendo?. Me siento a la mitad del camino: encontrada de algo (vos), perdida de algo (vos). Cómo remediar este absurdo oxímorón?. Y de qué servirá todo esto que aprendo con tenacidad, si es que acaso el futuro sea sólo el diálogo continuo de mis dedos con el teclado tratando de recuperar algo que se parezca a vos. Este inmenso recluimiento me acerca a todos los más horribles de nadie y soy intolerante con los que creo querer y los odio por no comprender y vivir sus minúsculas vidas de risa conveniente y mate a las 5 de la tarde. Te extraño incansablemente y tengo la ilusa sensación de qué algo comprenderás, pero tan sólo porque esta distancia nos atraviesa, tan sólo porque podemos vivir cada uno a su manera las dos caras de la moneda. Si estuvieras cerca, próximo a la caricia imperiosa, la nada circundante de mis días te devoraría, y como ellos no comprenderías nada de mi animosidad, del profundo, íntimo lugarcito que me guarda una verdad. Y contigo sería implacable, desalmada hasta el cansancio y finalmente tampoco sería feliz. A lo que me pregunto: cuál es la fórmula?, soy yo este estado de cosas que no se permite ni ante los que ama un espacio de acercamiento y tranquilidad?, es así acaso el sentido del inconcebible universo: cada uno por su lado se sufre en sus mentiras de querer, de sentirse, de vivirse en la más absoluta soledad de su ser?. Y no pediré perdón porque te amo y necesito de que alguna forma seas acá, algo conmigo.
Insoportable pensar que tu experiencia, la mía, eso que llamamos vivir, no se encontrarán en este día.
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