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Inicio / Cuenteros Locales / thelma / SESIÓN DE ESTRENO

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SESIÓN DE ESTRENO por Thelma


Nunca me ha gustado ir al cine. Dicen que el que no ha ido nunca, no sabe lo que se pierde; pero a mí esa afirmación me deja frío. La gente no tiene idea de lo que te puede llegar a suceder en una de esas, aparentemente inofensivas, sesiones de estreno.

Marta llevaba toda la semana repitiéndomelo, mira que no se te vaya a olvidar, que el viernes vamos al cine, ponte como quieras pero me lo prometiste, que estrenan la nueva del Russell Crowe, esa en la que hace de capitán de navío y dicen que está impresionante.

Así que el viernes, Marta y yo, hicimos religiosamente la cola frente a las taquillas del multicine del barrio, a la espera de que llegara nuestro turno para comprar las entradas.

Marta se había puesto ese perfume que tanto me gusta, ése que mezclado con el aroma natural de su piel la hacía tan irresistible. No pude evitarlo, me acerqué a ella y la besé en el cuello, Ya sabes que no me gusta que hagas eso cuando hay gente, me recriminó en un gesto de rechazo. Sacudió su melena rubia con la mano derecha y me dio la espalda. Así era como a Marta le gustaba demostrar su indiferencia.

El multicine estaba atestado de admiradoras del gladiador, que arrastraban a sus novios y maridos a dos horas de aventuras náuticas en versión original. Y eso es lo que yo llevaba peor, tener que estar leyendo todo el rato y no perder el hilo de la película al mismo tiempo. Siempre he tenido dificultades en desarrollar más de una actividad simultánea, Marta lo denominaba, mi condición unidireccional.

Las entradas no eran numeradas así que el acceso a la sala se convirtió en un abordaje despiadado que hizo quedar como un puñado de nenazas a los curtidos marineros que luego veríamos. No sé en qué momento del asalto Marta se soltó de mi mano, pero cuando me quise dar cuenta, su cabellera rubia formaba parte de la horda humana que se dirigía a los asientos de las primeras filas. Me resigné a ver la película solo y me senté en una butaca que daba al pasillo, junto a una cincuentona de buen ver. Antes de que apagaran las luces, aún tuve tiempo de echar un último vistazo en dirección a donde Marta se encontraba y habría jurado que mi mujer me devolvió un tímido saludo con la mirada.

Si he de ser sincero, no recuerdo los detalles de la película, sólo que el galán marino, con un alarmante problema de sobrepeso, se pegó dos horas de interminables subtítulos, persiguiendo a un adversario francés porque tenía un barco mucho más grande que el suyo. Para que luego digan que el tamaño no importa.

Cuando por fin se encendieron las luces, busqué a Marta con la mirada, pero no hallé ni rastro de ella. Las primeras filas habían quedado ya vacías así que pensé que tal vez habría salido en busca de algún baño libre. Me aventuré a caminar en dirección contraria a la de la muchedumbre, que se apresuraba a abandonar la sala siguiendo las señales luminosas de Exit. Con dificultad logré alcanzar el pasillo por el que habíamos entrado y localicé dos puertas con el inconfundible indicativo de W.C. Me aposté en la pared de enfrente a esperar, en algún momento Marta tendría que salir por alguna de aquellas dos puertas. Pero pasaron los minutos y no aparecía. Por fin me decidí a dirigirme al vestíbulo principal, tal vez habría salido ya y me estaría esperando en la entrada. No había caminado más de tres pasos cuando lo noté. El perfume de Marta a mi espalda. Giré en redondo y allí estaba mi mujer.

-Uy perdona, me he despintado con tanta gente y no sabía si habrías salido ya se excusó.
-Me había empezado a preocupar… alcancé a decir.
-Pero mira que eres tonto, ¿qué querías que me hubiera pasado?-Me dijo con una voz que no parecía la suya.
-No sé, como tardabas tanto…-respondí intrigado.
-Anda déjate de bobadas y ayúdame a ponerme el abrigo.

Fue entonces cuando me di cuenta de la diferencia, del detalle que distinguía a aquella mujer, que decía ser mi mujer, de la que sí que lo era. Su perfume, era indudablemente el que usaba Marta, pero no su aroma. Asustado por esa inquietante idea, le puse el abrigo sobre los hombros y la abracé.

- ¿Qué ocurre cariño, estás raro?- Me interrogó con una marcada voz nasal.
-Nada mujer, que te he echado de menos estas dos horas. Le respondí mientras realizaba la prueba definitiva, plantándole un beso en el cuello.
Ella se abandonó a la caricia con fruición y me acarició la nuca.

La falsa Marta se cogió de mi brazo. Salimos a la calle.

Desde entonces no me he perdido ni un solo estreno de las películas del actor australiano. No pierdo la esperanza de que, tal vez, en alguna de esas sesiones, vuelva a encontrarla.

Texto agregado el 20-04-2005, y leído por 24 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
2005-06-13 22:32:19 Muy bueno, sugerente, inteligente. ***** peinpot
2005-05-23 16:02:00 Espero no se sumerja mucho en la película, no vaya a ser que el cambia es él, Muy buen cuento. Saludos. Calamitatum
2005-04-21 05:03:03 Muy sugerente. ***** larsencito
2005-04-20 16:22:33 Entretenido relato. Te recomiendo que veas pelis en casa. newen
2005-04-20 16:11:08 a algunas mujeres algunas pelis las cambian..buen relato te mantiene a la espectativa engancha..me gusto bastante, se lee con agrado. a proposito la peli en cuestion si no mal recuerdo es COMANDERS..bastante entretenida por cierto...mis felicitaciones***** kasiquenoq uiero
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