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Inicio / Cuenteros Locales / Adrian_Leiva_C / Deporte Matutino

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Deporte Matutino

Me invitó a pasar una noche con ella en su departamento. Me preparé para ello. La mejor ropa interior, y si fuera necesario, el mejor pijama. Por eso, la noche anterior no dormí mucho, trasnoché pensando en cómo operaría en estas labores, tras una larga suspención, autoimpuesta luego de mi inesperada viudez.
Con sus cuarenta y un años, era bastante particular que compartiera domicilio con su madre. La señora era viuda de hace más de siete años. Se la había llevado a vivir a su hogar, una vez que Rocío de divorció. Ellas mantenían un estrecha relación, entonces, al preguntarle por su compañera de casa, me respondió: "va a estar contenta de tener un hombre en casa (hace años que no llevo a nadie)"
Después de los tragos de un bar, bastante tarde, bebidos y amorosos llegamos al estacionamiento de su hogar. Admito haber estado excitado, ya que, hacía tiempo que yo también no recibía una invitación como esta, pero con Rocío ya llevábamos saliendo varios fines de semana, se veía venir. Era la consecuencia lógica de un noviazgo de gente cuarentona. Amablemente descendimos del carro. Tomé mi pequeño equipaje y subimos al quinto piso.
"No hagamos mucho ruido". Y para mis cincuenta y seis años, me parecieron una estupidez. Le había insistido mucho en ir a un motel, mas a Rocío le sonaba a prostitución, a infidelidad, por eso, prefería su cama, su pieza, su espacio para regalarlo al amor. Sin embargo, demasiado whisky bebido y el trasnoche confabulaban a un mal disimulo.
Después del living comedor, caminamos en puntillas por el pasillo. La puerta de la pieza de la señora estaba semi abierta. En la del fondo, un cuadro original de acuarela me recibió. Nos besamos largamente mientras la puerta era cerrada con llave. Los mareos y las ganas de vomitar desaparecían conforme bebía de Rocío. En un alto del camino, me hizo soltarla. "Espérame", mientras entraba al baño. Me desnudé y prontamente me inserté entre las sábanas. Después de varios minutos, pude conocer el babydoll que me esperaba esa madrugada, no obstante, esa noche estaba muy ebrio y cansando. "¿Te gusta?". Y el nerviosismo comenzó a atraparme en un régimen extrañamente zurcido. Gateando sobre la cama comenzó a acercarse. Yo me miraba y la juventud comenzaba a escasear. La pasión, y los besos no auxiliaban a elevar las palpitaciones. La presión de tener que erectar no ayudaban nada. La edad me jugaba por primera vez, una mala pasada y los años de abstinencia no me hacían recordar de buena manera, cómo se hace el amor. Estaba claramente defraudando. El momento esperado y añorado, se transformaría en desastre. Ella comía de mi, comía de mi carne con toda la entrega necesaria, sin embargo, aún así no era posible nada. Yo sólo insistía diciendo, "mucho whisky, no debería haber tomado tanto". Entonces, la buena elección de estar desnudo, después de años, ante una mujer tremenda, práctica y sobre todo comprensiva, hicieron concluir el problema de manera bastante sencilla. "No te preocupes", me dijo. Y se dispuso de tal manera sobre mí, que sin mayor dificultad, acabó sobre mis labios, sobre mi lengua.
Pese a cumplir a medias con Rocío, ella descansó extasiada a mi lado. Su aroma a mujer era hipnotizante. Me quedé dormido con un contradictorio sentimiento de frustración. Nos acurrucamos cariñosamente hasta que el cansancio me atrapó.

El ruido de la alarma del auto me despertó sobresaltado. Fácilmente habían pasado tres horas desde que ingresamos al Departamento de Rocío. Saqué rápidamente el pijama de mi equipaje. Para calzarme, sólo encontré unas pantuflas de perro Dalmata que Ella tenía en una esquina de la cama. Grandes, con orejas y rabo incluida, eran lo más simple para salir corriendo. De esta manera, investigar quien intentaba sabotear mi vehículo. Sonaba furioso a través de los muros de los quince pisos del edificio. Insistente clamaba por mi presencia. Cogí las llaves desde el velador. "¿Qué pasa?", me dijo Ella despertando extraviada. "Está sonando el auto", le respondí, mientras salía corriendo de la pieza del fondo del pasillo. Cuando pasé por el comedor, pude ver a la madre de Rocío, la dama bebía té. "Buenos días señora", a lo cual, ella simpáticamente contestó: "buenos días señor".
Llegué al ascensor, pero no tenía tiempo de esperar que subiera desde el primer piso. Fui por las escalas para bajar velozmente. Al portero, sólo le dije: hola. Raudo, llegué hasta el carro que aún palpitaba gritos electrónicos. Apagué con un bip la alarma. Con un rápido chequeo de vidrios, nada malo había. Las chapas de las puertas también estaban intactas. Tras una nueva evaluación, sólo me faltaba una tapa de las ruedas. Poco en realidad, podría haber sido peor. En ese momento, la exaltación concluyó. En ese instante, me percaté de lo ridículo que lucía siendo las ocho treinta de la mañana de ese domingo. Los gigantescos perros dalmatas en mis pies, los pocos pelos en mi cabellera desgreñada y el pijama azul marino, era presa fácil de cualquier bromista quinceañero excedido de bohemia. Felizmente, no había nadie. Por eso, con el mismo ritmo que salí del edificio, volví a entrar.
Abajo, ahora si tenía tiempo para esperar por el elevador. Mi respiración todavía era dificultosa. Todo el ajetreo nocturno y el despertar acelerado habían dejado poco tiempo para la meditación. Por esto, ya frente al departamento 512, recordé a la madre de Rocío. Desayunaba tranquilamente. Entonces, cuando me abrió la puerta, le expresé: "Mire que tontería, salí a trotar, y me equivoqué de zapatillas". La señora, me miró de pies a cabeza, sonriendo me replicó: "yo creo que se le ha olvidado otra cosa".
"¿Te robaron algo?", preguntó Rocío. "Felizmente nada", le respondí. "¿Así andabas en la calle?". "Si claro, ¿lo dices por las pantuflas?". "No mi amor, mira como estás de rígido", ella observaba algo en mi, detalle no menor, que había pasado desapercibido con tanto deporte matutino. Como en antaño, la mañana me regalaba una erección muy firme y elocuente. Casi no lo podía creer, después de quince minutos, o más, aún estaba alto, aún estaba dispuesto para gozar de él. Por lo menos, así lo sugirió Rocío para comenzar a hacerle el amor como corresponde, como Dios manda.


Adrian Leiva C

18/09/04

Texto agregado el 27-04-2005, y leído por 118 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2005-05-02 12:44:25 Divertido. Me ha gustado leerlo. Un saludo de SOL-O-LUNA
 
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