Como brillan los ojos,
de la mar fijos en el cielo,
aturdidos y perdidos,
entre nubes y fuego.
Arrullados bajo el sonido
de la ola suave en la letanía,
ajenos e incomprendidos
bajo la mirada del otro,
bajo el cielo que arde
en luces del atardecer.
Hundiéndose el fuego ya,
ellos viven aún,
aún brillan los ojos de la mar,
ahora ya en la nocturnidad,
ahora bajo un cielo perlado,
de lunitas incandescentes,
el mar sutil, argentado.
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