Ella, soñadora, siempre buscó a su Príncipe Azul. Pero cuando una noche creía haberlo encontrado, se declaró la República del sexo. Tras despedirse por la mañana, se preguntó en un suspiro: “¿Nunca más volveré a saber de él?”. Sonriendo para sus adentros, se encogió de hombros y siguió su camino, somnolienta.
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