Al amanecer, el sol parte en mil rojizos pedazos el cielo para beber el rocío que olvidó la noche y miles de trinos rompen el silencio perdiéndose entre los árboles algunos y en el carmín del horizonte otros, es la orquesta de bienvenida al naciente día.
Al clarear, las flores abren sus perfumados pétalos para cubrir con sus aromas el campo y miles de ojos abren sus párpados para alimentarse de ellas, en un nuevo día.
Al salir el sol, no busco el aroma de las flores en el campo; ni los trinos de celestiales pájaros en el aire; tampoco el color de un hermosísimo cielo en las alturas, porque encontrar una sonrisa en tu rostro bastará para alegrar mi alma y mi día.
A mi fiel amiga e incansable luchadora; la tierna brisa de verano y mi tibio manto de invierno; mi madre la consoladora de mis peores aflicciones. |