Paseando el paisaje de tu alma
mis pies no pisan,
se deslizan indolentes,
sin esfuerzo,
como llevados por viento
de terciopelo.
En tus valles
veo margaritas blancas,
abriéndose al calor del sol naciente,
e impaciente,
subo al monte de tu mirada
cuajado de verdes,
de verdes esmeralda,
de verdes de esperanza.
En tu paisaje hay casas,
hombres, niños, mujeres, y animales
que preceden tu caminar. Das confianza.
Te abres de par en par
a quien se acerca a tu alma.
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