Después del ataque en Santa Cruz de Tenerife, Lord Nelson se lamentaba del insoportable dolor en su brazo derecho. Un día se despierta exaltado y a gritos llama un marinero a su carote. Le expresa:
—Extrañamente hoy no siento dolor, pero mire usted, ¿no le parece que a mi mano derecha le han crecido las uñas?, hagame un manicure.
—¡Sí señor! Respondió obediente. Y sin pérdida de tiempo el subordinado le corta las uñas de la mano izquierda, se las lima y le mete el barniz. “He terminado Mayor”.
— No, no ha terminado, debe usted cortarme las de la otra mano, que están mucho más largas, ¿no vé? ¡Y me rasca con fuerza el brazo porque no soporto el prurito!
—Le recuerdo Mayor, fue amputado...
—Si, aquella materia de carne y hueso, mas, después de haberse liberado de sus resto mortales, ¿no ve usted que le ha quedado el alma?
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