En esta margen del río el sol duerme pronto, va cayendo suavecito sobre en la ventana. Y todo es irse en esas horas grises del día que va acabando.
En esta maregen del río yo te imagino caminando por alguna calle donde el sol se posa. Vas rápido, como escupido hacia adelante por mandato de tu obsesión, mientras de este lado yo tecleo, esquivando tanta muete, tanto olvido. Y espero. Espero el tiempo en que días rojos asomen por la ventana, no ya el esqueleto ruidoso, célerico de una ciudad que se posa en mi ventana. |