Ésta maldita pajarita, debería haberle hecho caso a Carla. Son mucho más fáciles de poner esas que venden ya preparadas. Sólo un “clic” y ya estaría en la calle. Pero no, tengo que comprarme las de siempre, las de media hora ante el espejo. Realmente, si fuera una simple fiesta, no me importaría. Todas las fiestas son iguales, todas aburren con las mismas cosas, los mismos chistes malos, la misma comida, las mismas personas. Todo es siempre lo mismo. Estoy ya harto de esas fiestas tan venecianas y carnavelescas. Ya me he vuelto a equivocar. Maldita pajarita. Para ella todo es mucho más fácil, se maquilla, se pone su vestido rojo de gala y ya está: una lindeza, una verdadera preciosidad. Todos los hombres galantes se le acercan, la saludan. Hola qué tal, yo muy bien, estás preciosa esta noche y bla bla bla.
Estoy cansado. Tendríamos que haber rechazado ésta maldita invitación, pero no, siempre tan corteses y tan amigos. Una perfecta máscara para un mundo de fachadas, y ya está, comienza a caminar y no te detengas. No podemos mantener este nivel de vida sin sus fiestas. Abocados a la ruina sin ellas. ¿Pero qué diablos hago yo con un traje blanco? Ya no me reconozco ni yo mismo. Ahora hacia la derecha. Según me enseñaba mi padre así debería bastar. Un tironcito desde aquí… diablos, está claro que necesito ayuda para una simple pajarita. Vuelta a empezar y ya van tres. No entiendo la importancia de la elegancia. La verdad es que tampoco me entiendo a mí mismo. ¿Qué he hecho mal, qué es lo que ha cambiado? Cuando eres niño lo miras todo con ojos de niño. Y es hermoso, muy hermoso. Podrías ir a la luna y no pasaría nada. Pero cuando eres mayor las cosas cambian, ¿No? Ir a la luna conlleva entrenamiento, esfuerzo, dinero y matar a varios que están por delante de ti. Es curioso. La vida es casi tan difícil como atarse una maldita pajarita. Y ya llegamos tarde. Los gritos de mi mujer me empiezan a aburrir. Ven tú aquí y átate esta maldita pajarita. Ni que fuera a hacer la primera comunión. Dios, debería ser la última. Creo que es más motivo de celebración para las personas la última comunión que la primera. Pero deja ya de decir tonterías y átate la maldita pajarita. Es que ya me estoy viendo. Llegamos. Nos abren la puerta y esas sonrisas de Judas. Fantástico. Es todo lo que deseaba desde niño. Ser amigo de Judas. Pero en el fondo no está tan mal, digo yo, lo mismo se suicidan y todo. Pero claro, para eso tienen que traicionar a alguien, a alguien más. ¡Por Dios, mierda de pajarita! A ver, un nudo aquí… ahora hay gente que gusta de ir con pañuelos en el cuello. Eso sí que es fácil de poner, te lo enrollas y listo, ya puedes disfrutar de una velada pública. Seguro que si apareciera con un pañuelo en el cuello llamaría la atención. No sé, es algo que es más que magnífico, ¡Es mediocre!, ¿Dónde leí esto? Da igual, sigamos. Otra vuelta… sí, parece que así medio esta. ¡Vaya! Ya estamos metiendo prisas “Enseguida salgo, cariño, sólo me falta terminar de acicalarme” y porqué no, terminar de ponerme esta maldita pajarita. Si es que me miro en el espejo y me repugno a mí mismo, no puede ser, con lo bien que se va en calzoncillos, tanto royo de etiqueta. Pero bueno. A ver, repasemos mentalmente… das pena, tío. Está claro que ésta no va a ser tu noche, está más que claro que vas a tirar toda tu vida por la borda después de esta noche. Sólo te falta cruzarte con él y ya la hemos liado. No te muevas, por favor. ¿Se queda? ¡Vaya!, parece que está bien. Seré feo, pero con este traje lo parezco más todavía. En fin, acabemos con esto de una vez.
“Ya estoy, nena.”
|