El viento hacía que tu horrible cabello se revolviera. Cada hebra parecía una repugnante oruga. Te solían decir Medusa, pero hasta Medusa era más hermosa que tú, y como vil niño inmaduro, ocultaste aquel espantoso cabello, con una gorra, con un paliacate y hasta con una bolsa, y ahí lo dejaste...
Pasó el tiempo, creciste, maduraste, encontraste aquello que jamás pensaste que encontrarías. Aquello que te quitó la cubierta, para dejar salir a un millón y medio de lindas mariposas. |