Si cada mañana de nuestra vida, al despertarnos, cogiéramos una bonita libreta y apuntáramos cada uno de los sueños que hemos tenido ¿En qué cambiaría esto la concepción que tenemos de nosotros mismos? Llegados a la última página del cuaderno, habiendo releído cada uno de los sueños anotados, ¿Recodaríamos, al menos, uno de los que relatamos? ¿De qué nos serviría tal lectura?
Ésta y otras preguntas me circundan por la mente cada vez que me despierto sobresaltado por algún sueño bien de extrema belleza o extremo desorden psíquico. Fue el caso de la noche pasada. Estaba sentado en un salón de una casa con una ventana enorme que daba a la calle, una especie de paseo marítimo. Yo estaba sentado en un sillón que parecía bastante cómodo y una muchacha, que debía conocer, en el sillón inmediatamente contiguo. Yo tenía novia, pero no era esa muchacha. Hablábamos, no puedo recordar el tema, pero notaba que cada vez se acercaba más a mí, su rostro cada vez estaba más cerca del mío y sonreía divinamente tras el hilo de sus palabras. Puedes adivinarlo, nos besamos. Creo que fue hermoso.
Ya lo he dicho, tenía novia, un solo beso había atentado contra mi honor y su orgullo, pero deseaba esos labios y no pude siquiera pensar en negarlos. La besé o me besó, da igual. Cuando nos separamos pude ver que a través de la ventana, más cerca del embarcadero que de nosotros, una pareja de ancianos se estaban besando. “Parece ser que hemos inspirado a alguien” Es lo único que pude comentar tras una sonrisa. Ella sonrió, no dijo nada y se recostó sobre el sillón.
Aquí acaba la escena. Ella sabía que yo tenía novia, habíamos coincidido antes, en algún momento y en algún lugar pero nos habíamos separado hasta este momento. Creo que por aquel entonces no albergamos sospecha alguna, al menos, yo no la albergué.
En la realidad de mis pasos diurnos nunca he visto su rostro y, creo, nunca esperaré encontrarlo.
No obstante, temo olvidar este sueño cual otros que han pasado y que llegue un día en el que, para mi desgracia, porqué negarlo, los sucesos que he soñado ocurrirán y de repente me separaré de sus labios y en vez de ver a una pareja de ancianos a través de la ventana, exclamaré contrariado
¡Déja Vu!
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