Cuando la sierpe aparezca sobre el viento y la lluvia deje caer sobre mí su túnica de llanto, quiero que sepas que ahí te estaré esperando, con el cobijo de siempre.
Cuando el mar se vuelva licor y las gaviotas le susurren a la luna cochinas palabritas de amor, quiero que sientas mi boca en tu beso y que rías por mí muerte.
Y mientras llega el día en que he de volver a verte, duerme con mi voz entre tus senos y amamanta la sed de mi ausencia. |