–Qué alivio es poder mirar a los ojos a los que he abandonado.
-Qué alivio es sobre todo, que me hayan perdonado.
Te declaro la paz y la guerra,
ofrezco todas las treguas,
pero no te dejes gobernar.
Mi tiempo que vuela sin olvido, le exige a tus ojos libertad.
Mi corazón, al fondo a la derecha, no soporta más pelear.
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