Bajo las hojas secas que caían de aquel árbol extrañamente mustio en medio de tanto verdor refulgente que daba paso a una impresión de vida latente en medio de aquel bosque se encontraba él.
Sus pantalones estaban raídos y sucios, no era para menos después de pasar aquel fango que junto con ramas salidas se empecinaban en quitarle sus vestidos, estaba descalzo, aquel barro hampón le había robado los tenis, los pies ensangrentados le latían y cada latido era una explosión de pequeños dolores que por su continuidad rítmica ya se le hacían familiares y por ello no reparaba en ellos ni al agudo dolor que le reproducía aquella herida profunda del brazo causada por unas hojas finísimas que lo habían rozado a causa de un paso descuidado en un pequeño altibajo de su trayecto, la camisa reposaba en su mano haciendo las veces de pañuelo en donde se combinaban el sudor y la sangre de este ser humano caído en tierra, extenuado por tan largo y peligroso viaje.
Estaba durmiendo, su cara parecía perderse en el color de aquel tronco que fácilmente se tomaba como el modelo de aquellos árboles sabios en los cuentos de fantasía
- Duerme... duerme - parecía silbar el viento mientras pasaba jugando en las ramas de aquellos árboles regocijados en recibirlo y en bambolearse al son de su movimiento, las únicas hojas que temían su paso eran las de aquel árbol, pues este traería su fin, se caerían y quedarían a merced de la tierra y de los paisanos que transitaran por allí, que no eran pocos ya que cerca se encontraba ubicada una aldea, y al paso de ellos quedarían vueltos pedazos por su deleznable constitución.
Después de mucho tiempo una mosca paso y zumbo “dsss” -¿eh?- abrió los ojos, vio a su alrededor y su corazón experimentó el temor de estar perdido, no recordaba como había llegado ahí, todo le era desconocido, fuera de lugar, y hasta ilógico, no podía asegurar con firmeza que se encontraba en un bosque ¿por qué habría de llamarse bosque? ¿quién podría asegurar que lo que el tomaba por hierba era efectivamente hierba? ¿no estaría confundiéndolo?... miro sus manos ¿eran suyas realmente? “suyas” esto incluía una propiedad ¿pero de quien? ¿de él?... ¿quién era él?... estaba consternado, nada tenia sentido... su cuerpo decidió levantarse – así como había decidido llegar hasta allí - sintió un fuerte dolor y miró su brazo del que volvía a manar sangre cubriendo la que tenia coagulada y el barro adherido, su cuerpo se puso en pie y el ardor que le causo lo obligo a sentarse de nuevo... “dolor” “lo siento, no puede ser otro porque el que siente este asqueroso dolor soy yo” “yo” “si yo” “¡existo!” “no hay error, existo” “maldito dolor me tiene estremecido” “tratare de dormir nuevamente” se acostó del lado en que su angustiosa herida no le molestara pero pronto se cansó de estar en esa posición y el dolor no lo dejaba dormir – esto no puede seguir así, esta herida me va a matar, pero no será pronto eso si es seguro y no estoy dispuesto a aguantar esto mientras a la muerte se le da la gana de asomar la cabeza – escucho atentamente, observo detenidamente, olfateo exhaustivamente, toco anhelante... se arriesgo a pararse y con su esfuerzo logro aguantar sus pies lastimados, los hizo ir hacia una planta que ofrecía unas hojas lo suficientemente anchas como para cubrir la planta de sus pies, los amarro con otras en forma de cinta y así un poco más cómodo se arriesgo a caminar y así avanzar.
Anduvo, como antes, a través de aquel bosque, pero aunque el paisaje no había cambiado, le parecía estar recorriendo un sendero nuevo, veía la misma tierra pero la sentía diferente al tocarla, llego a un río y desnudándose – quitándose lo poco que le quedaba – se zambulló en el agua... experimentó una gran satisfacción, aquellas aguas le limpiaba sus heridas y era refrescante; tomo un poco en sus manos, la bebió ávidamente “¡que delicia!” parecía la primera vez que tomaba ese refrescante liquido, le parecía estar descubriendo una gran maravilla, aunque sabía que la forma y el nombre “agua” no era desconocido para él, ya la había visto pero definitivamente podía asegurar que no la había sentido.
Se vistió y calzándose sus improvisados zapatos, prosiguió su camino.
Tocando cada árbol, planta o maleza que se le atravesaba, jugando con la tierra, oliendo ese aroma a vida que se expandía entre todo lo que le rodeaba, sintiendo cada paso, llegó a un paraje donde, en el suelo, abundaban las hojas muertas, algunas ya destrozadas; tomó una de ella en sus manos y vio como se deshacían fácilmente en ellas al ser estrujadas, un escalofrío paso por su cuerpo, le parecía estar teniendo en sus manos a aquel hombre que había dejado dormido bajo aquel árbol mustio... siguió caminando y a los pocos pasos se encontró con un hombre que miraba con extrañeza todo lo que le rodeaba, estaba tirado en el suelo y con aspecto del que lleva un gran cansancio a cuestas, descalzo, lleno de barro y con heridas profusas... él, al contrario de lo que hubiera hecho antes, se acercó a aquel hombre, de la nada salió una sonrisa y se la ofreció, examino las plantas y con alegría vió a aquella cuyas hojas calzaban sus pies...
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