"Yo estoy de paso"
(Dedicado a los buenos escritores no mediáticos que aún se atreven a ir a firmar ejemplares a las ferias)
No recuerdo haber pensado en ello después de aquella tarde, en la que él me dedicó su corazón tan blanco. Al leer lo que escribió, "...es un libro de secretos, cuidado", pedí al cielo reflejado en los cristales verdes de sus gafas de sol, ser yo el que algún día ocupara aquel lugar.
Hoy, al llegar a la caseta, Joaquín, el librero me recibe con una sonrisa, después de compararme con la foto de la contraportada del libro, que tanto esfuerzo me ha costado publicar y que voy a firmar aquí, en la Feria del libro de Madrid. Me acomoda en una banqueta, en la esquina izquierda, detrás de un pequeño número de ejemplares y, dándome una palmada en la espalda como diciendo, este toro es tuyo tú lo lidias, se va a lo suyo al otro lado, dónde los libros de autoestima y los tratados de felicidad dominan sobre los demás.
Miro el reloj, las seis y cinco, casi dos horas por delante. Fuera no hay demasiado ambiente, me digo que aún es temprano y que la gente se demora refugiándose a la sombra de los árboles cerca del estanque, disfrutando de los artistas callejeros mientras toma un helado. Hace calor.
Oigo mi nombre por la megafonía y pienso que es el pistoletazo de salida. Una niña y un niño se acercan seguidos por su padre calvo y con gafas, que mira al mostrador y les dice que allí no hay nada infantil. Siento la tentación de decirles que no se vayan, que les dedico mi libro y a cambio les digo dónde firma Juan Muñoz Martín.
Las seis y media, Joaquín se acerca. -Esto a veces pasa -dice -la gente va primero a los famosos, ya sabes. Asiento y le contesto que no importa.
Aparte de aquel día, otros autores me han firmado sus libros, Gala, Matute, Landero y hasta Vizcaíno Casas. Es cierto, siempre gente consagrada. Uno no se pone a hacer cola para luego tener que explicar de quién es la firma y encima que no te guste... Dejo mis cavilaciones al oír que alguien me habla:
-Disculpe. ¿Cuánto cuesta?
Es una muchacha rubia, muy guapa. Yo se de memoria el precio de mi libro. Antes de hablar miro lo que su mano me muestra. Leo: "Como ser feliz sin ver la tele" ¡No! Defraudado le digo que yo estoy de paso y... y ella tira el libro sobre los míos y se va refunfuñando enfadada.
A las siete me levanto a estirar las piernas. A las siete y media salgo y compro una coca cola. Al regresar un señor me pregunta, señalando la banqueta, si no es allí donde se sienta el de crónicas marcianas. Joaquín me mira y eleva sus hombros, no dice nada. Y a las ocho, guardo el bolígrafo, cojo un ejemplar y me dispongo a salir.
-¡Espera! -dice Joaquín. -Fírmame uno...
-No - le contesto -el cero es un número muy digno.
Con mi libro en la mano, ocultando la foto, recorro la feria lentamente, aún falta una hora para cerrar. Un poco mas allá, en la caseta dónde firma Javier Marías, la cola da la vuelta y se pierde por detrás.
© BlasLeon
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