Han pasado casi dos años, pero en mi mente parece que fue ayer cuando estaba durmiendo en tu cama y sonó el teléfono. Cierro los ojos y puedo verte, puedo oírte, puedo notarte y una gran pena entra en mi, cierro los ojos y te veo.
Me enseñaste tantas cosas que no valoré, perdí tanto tiempo de tu compañía por creer que siempre estarías…Han pasado casi dos años y te extraño como el primer día que me faltaste, cierro los ojos y te recuerdo, te sueño y te lloro. Cuando te fuiste, una parte de mi se fue contigo, me di cuenta de lo importante que eras para mi, de lo que es el amor verdadero, de lo que me querías y de lo que te querré toda mi vida.
Ahora mismo, mientras te escribo, tengo unas ganas increíbles de llorar, allí donde estés te echo en falta, te marchaste pero no tenías que haberte ido.
Tu marcha fue mi punto de partida. Aprendí lo que es el dolor y, por primera vez en mi, sentí el dolor que me falta por sentir, por descubrir.
Tengo la sensación de que no me despedí correctamente de ti, te aseguro que es un sentimiento de ahogo profundo, es una herida en lo más hondo de mi ser, una herida abierta que no cierra con el tiempo, ¿por qué te fuiste?, ¿por qué me dejaste?, recuerdo la llamada, recuerdo el llanto de la voz que había al otro lado del teléfono, recuerdo esa voz que me destrozó el alma. Cierro los ojos y te extraño, parece que fue ayer cuando esa voz me indicó que buscara tu última ropa, la ropa del viaje final, ¿por qué?, que búsqueda tan cruel, que dolor tan intenso en ese momento y en este también.
Cierro los ojos y te veo dormida junto a mí.
En ese momento no quería darme cuenta de tu marcha, buscaba en los armarios tu última muda, la ropa que te acompañaría eternamente, ¿por qué lo tenías todo preparado?, ¿por qué tenía que buscarla yo? Imagino que lo querías tener todo bien atado, imagino que sabías que tarde o temprano te marcharías en ese último viaje que todos hacemos, pero sé que no era tu hora y saber eso me duele, me entristece, cierro los ojos y te noto, te veo.
Sólo cuando me dirigía al hospital, a ese lugar que fue tu última habitación, tu última visión de este mundo, comprendí que no te volvería a ver más, que no te volvería ha escuchar, y me sentí solo en este mundo, no veía nada más, sólo el vacío que dejabas tras de ti.
Recuerdo verte estirada en la cama de tu habitación, al lado tuyo reconocí esa voz que me hablaba a través del teléfono una o dos horas antes, la misma voz que me indicó dónde tenías tu ropa de viaje. Tenía la cara desencajada, seguía llorando como hacía unas horas. En ese momento, toda mi conciencia notó la pena más grande que he sentido en mi vida, y mi corazón explotó en mil pedazos, sólo quería abrazarte y despertarte, besarte y quererte, hubiera dado lo que fuera por verte en ese momento abrir esos ojos que me transmitían tanto amor, que me reflejaban tanto cariño y que no llegué a entender hasta ese fatídico momento.
Cierro los ojos y te veo dormida junto a mí.
|