Salgo al balcón y me asomo para ver desde las alturas, la calle que parece tan distante desde mi posición.
Lo primero que veo es un niño con una bicicleta cruzando la calle, a pocos metros de el veo a un hombre con traje introduciéndose en su coche, probablemente para ir a trabajar, en ese mismo momento una pregunta aparece en mi mente,-¿Quién será mas feliz?-, me enciendo un cigarro y sigo observando.
Hoy me he levantado un poco triste, me introduzco de nuevo al refugio interior y me dirijo a la ducha.
Pasa el día y llega la noche sigo un poco triste, pero hoy es un día diferente, tengo que ir a buscar a un amigo a la estación, hace mucho tiempo que no se nada de el, y me apetece mucho verlo.
Bajo al parking y cojo el coche dirección a la estación de autobuses, mientras recorro la ciudad me fijo en los bloques de pisos que hay alrededor de la carretera, observo las luces de los balcones y me siento pequeño, intento imaginar que clase de gente vive tras ese balcón o ventana, que mundo se esconde a partir de la paredes que nos separan.
Todos mis problemas y los suyos son ajenos, mi tristeza o mi alegrías son inmunes a su vida y las suyas no interfieren en mi existencia.
Desde pequeño siempre me ha gustado observar todo lo que me rodea, me encanta imaginar como es la persona que se cruza conmigo, con el tiempo he aprendido a mirar a los ojos, ha observar los movimientos que hace la gente y a partir de esa mirada o gesto intento imaginarme sus personalidades, su estado de ánimo e incluso si son felices con su vida, es por eso que me gusta mi trabajo, cada día me cruzo con muchas personas, todas son seres individuales con tantas cosas en común que si lo vemos desde un punto trágico parece incluso triste.
Todos nos vemos únicos, superiores, inferiores, de mil maneras, pero siempre diferentes al resto, creo que se equivocan, ya que el simple echo de vernos todos diferentes ya nos hace tener como mínimo algo en común, es gracioso pero cierto.
Llego a la estación y aparco el coche, me acerco a la entrada de autobuses y miro la hora, faltan 15 minutos para que llegue mi amigo, me enciendo un cigarro y me siento a esperar. Por suerte esta lleno de gente y comienzo a observarlos detenidamente, en la cara de las personas que me rodean se puede ver tristeza, desesperación e incluso alegría, pero todas están pendientes de que aparezca un autobús o se marche, todos pendientes a ese segundo que diferencia la llegada y alegría, a la marcha y tristeza, volví ha mirar el reloj y faltaban 5 minutos para que llegara mi esperado amigo y mi tristeza se convirtiera en alegría, cuando mi mirada se perdió en el vacío de la estación hacia un punto al que no había dado importancia hasta ese mismo momento, allí divise una mujer apoyada en la pared, era una persona enigmática y alejada de la multitud, parecía estar en otro nivel, fuera de los sentimientos que se podía recoger de toda la Muchedumbre que esperaba en el anden de la estación a que un simple autobús les cambiara su estado de animo, mi primera reacción fue dirigirme a ella y mirarle a los ojos, pero una repentina sensación de ahogo no me dejo levantarme de mi banco, en el que llevaba sentado casi un cuarto de hora.
A lo lejos pude ver acercarse el autobús en el cual llegaba mi amigo, la imagen de la mujer desapareció de repente de mi cabeza, y apareció la alegría del reencuentro con mi compañero que no veía desde hacía más de dos años.
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