El viaje fue inesperado. Entre intrincadas cavernas rojas se perdía el infante, el hedor de los recuerdos le provocaba nauseas al punto que su esófago trataba de desgarrarse. Aquel laberinto inhóspito de la mismidad era tan intrincado como nunca lo pensó...sí , era un niño temeroso, éste que se las daba de macho; cuando de examinarse a sí mismo se trataba. Una inquietud deambulaba solitaria: ¿ Por qué mierda me metí en este viaje del putas? ¡Hubiera sido mejor seguir subsistiendo con la conciencia castrada a estrellarme con toda esta basura que cargo dentro! Pero ya no había regreso, una vez que se emprende el viaje no hay retorno, el agua podrida le llegaba casi hasta el pecho, estaban a punto de ahogarlo las angustias que celoso coleccionó desde quién sabe cuando....el pobre miserable ya no caminaba, se arrastraba, casi aplastado por sus secretos. La sed lo apremiaba, sus labios resecos solo eran mojados por las lágrimas que lo deshidrataban; y con su último aliento pudo expirar un grito pavoroso: ¡ Es que no hay luz en este puto túnel! Y se hizo la luz. El viaje apenas comenzaba, pero ya se veía luz.
Si tienes las güevas suficientes lánzate al viaje por tu propio interior...tal vez regreses o tal vez no.
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