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Inicio / Cuenteros Locales / woody / Mis memorias

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Mis memorias, escrito que deseo dedicar a todos aquellos momentos en que he deseado olvidar que poseo memoria.

Es singular la relación amor-odio que poseo con esta facultad, como por ejemplo, la amo cuando me recuerda que debo comer (aunque para esto se une con el estómago), pero la odio cuando en ese mismo momento me recuerda el último resultado que me dio la balanza al pesarme.

Sé que aún no poseo la edad suficiente, ni la experiencia necesaria y mucho menos una vida interesante para escribir mis memorias, pero quien dice si mañana no continúo en este mundo (tengo los días contados, por lo que he calculado me quedan 22.354 días para ser exactos) o peor me dé una ataque de amnesia, en ese caso sería un buen borrón y cuenta nueva, reconozco que me entristecería olvidar algunos momentos muy interesantes, peculiares, excitantes, sensuales, agotadores y relajantes (el orden fue una mera coincidencia) que he vivido, por eso mejor los anoto, por si debo recurrir a ellos si fuese necesario, especialmente si deseo esbozar una sonrisa en mi rostro.

Antes de comenzar con los capítulos deberé explicar que estas memorias sufrirán cambios, una especie de edición, o sea, quitar algunos momentos dignos para unas líneas escritas en el papel higiénico (no necesita explicación) y agregar otros que deberían ser dignos para un cuento de cuna, no por lo dulce, ni suaves, sino por lo aburrido y adormecedores.

Finalmente quisiera pedir, querido lector, que tomes este texto como un ejemplo de lo que no se debería hacer en momentos tan extraños que nos toca vivir, ojalá alguien me hubiese puesto una advertencia de esta manera, cuantos bochornos hubiese evitado, como por ejemplo, debido a la poca, por no decir escasa, educación sexual recibida por parte de mis padres, caminaba una tarde después de una larga siesta, por una de esas calles donde se instalan las mujeres de “vida fácil” (por lo que ahora sé de su actividad yo no diría que sea tan fácil) y una de ellas se acercó a mi con la siguiente pregunta “hey moreno ¿quieres acostarte conmigo?” a lo cual respondí aletargadamente, producto de la siesta, “no gracias, recién vengo levantándome”, un par de años después supe que no era necesariamente para dormir la invitación y claramente que el dinero no se lo ganaban fácilmente invitándote a dormir.

La niñez, una época de reconocimiento.

Sí, una época de reconocimiento, debido a que mi padre no podía creer que yo fuese su hijo, por lo que debió someterse a un test de ADN para reconocerme como su heredero, todo lo que poseíamos alcanzaba dentro de una caja de zapatos, con los zapatos incluidos por supuesto.
Desde pequeño recibí los golpes de la escasez, para todas las navidades mis padres, hábil y secretamente, me respondían las cartas que le enviaba al viejo pascuero, en todas ellas, creyendo que él me respondía, me argumentaba excusas por las cuales no podría recibir el regalo, algunos ejemplos; que se había convertido al budismo, por lo que me regalaba sólo buenas intenciones y paz para mi alma atormentada por el materialismo; que tuvo problemas de sindicato con los duendes justo cuando tocaba construir mi regalo, por lo que invirtió en mejoras laborales para ellos; otra y que me pidió que guardará como secreto (ya puedo contarlo ahora que soy un adulto y sé la verdad), fue cuando me explicó que tuvo que regalar el juguete a un juez para poder olvidar una multa, por haber estacionado el trineo frente a un grifo, esto era obvio ya que por mi barrio no poseemos chimenea y no tuvo más remedio que aterrizar por ahí. La pascua, festividad que muchos niños disfrutan, donde todos debían buscar los huevos de chocolate, mi caso no fue distinto, sólo existió una diferencia, mis padres ocultaron tan bien los huevos que han pasado más de 20 años y aún no los encuentro, ya he comenzado a dudar que los hayan comprado.

Al entrar en contactos con otros niños, en el colegio, me di cuenta de que existían otros seres de mi misma edad y que no fuesen productos de la TV, mi única fuente de amistad antes de ingresar al colegio, pero al comenzar la relación con estos niños reales, más aumentó mi amor por la TV.

Podrán notar que en la infancia tuve recuerdos más bien agrios, pero que me ayudaron a desarrollar la imaginación, obviamente de esto se puede comprender el porqué de mi habilidad de crear amigos imaginarios, como vivía en tiempos de poco lujo, solamente los tenía en blanco y negro.

Ya más crecido comenzaron mis acercamientos al sexo femenino, esto no era menos de 10 mts, hecho que provocaría en mi juventud una comunicación a través de gritos con alguna niña que me gustase.

Continuaré en otra entrega con las demás etapas de mi vida, ya que necesito algunas de las pastillas que contengan el famoso ginseng y poder recordar más hechos que me han marcado.

Texto agregado el 17-06-2005, y leído por 81 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
2005-09-04 01:14:35 ...que personaje este woody***** silvania
2005-08-10 22:43:40 Muy bien narrado, excelente. yoria
2005-07-31 02:27:30 Muy bueno Woody! un abrazo. peinpot
2005-07-23 16:44:41 De amena lactura.Entre el humor y la ironía, se asoma una sutil ternura al adornar los recuerdos para ponerlos en palabras.Buen modo de digerirlos...Pau . Paugi
2005-07-04 19:55:04 Como siempre es un verdadero placer leer tus textos, me gusta que no pierdas el estilo que tus ideas sigan siendo tan claras y tus cuentos tan divertidos. Un beso Encontrada
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