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Inicio / Cuenteros Locales / Tonificante / Un poco de luz a un dia gris.

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Era un día cualquiera en medio de la semana, día laborable. Me enviaste un SMS diciéndome que hacías jornada intensiva y que a las 14:30h estarías libre. Yo hacía turno de noche así que era una hora ideal para mi, enmedio de mis horas libres.
Estábamos muy cansados: muchas semanas sin apenas descanso, el runrún, la rutina gris. No sólo eso: la acumulación de pequeñas fustraciones, detalles del día a día que se desajustaban, conversaciones rápidas, breves y de poca calidad, pocas horas de sueño... Te subiste al coche con un resoplo de cansancio, apenas hablamos de nada. El tráfico estaba horrible: bozinazos, moteros jugándose el físico esquivando coches, los limpia*******, frenazos bruscos, coches aparcados en doble o triple fila...
Al fin llegamos al piso. Tras la vuelta entera de la llave en la cerradura mis sensaciones cambiaron por completo. Tal cual, sin pasar del recibidor te saqué el reloj y a la mínima queja te solté:
- Mientras veníamos con el coche he tenido una idea. Confía en mi.
Dejaste todos tus bártulos ahí mismo. Te quité el abrigo, te desanudé la bufanda... pieza a pieza, iban cayendo al suelo. Cada una hacía su ruido y marcaba un ritmo. Llevabas una camiseta blanca, como yo, así estaríamos cómodos. Te llevé hasta la puerta de la habitación. Entré, abrí bien las persianas y cerré las cortinas blancas de modo que entrara mucha luz. Sentados sobre nuestros pies, encima de la cama, nos miramos. Te cerré los párpados con una carícia con los pulgares. Yo mismo cerré los ojos. Silencio. No se si pasaron segundos o varios minutos. Nos escuchábamos la respiración. La espalda erguida no iba ni atrás ni caía hacia delante, el equilibrio era total, un leve balanceo me ayudaba a concentrarme y a permanecer activo.
Cuando encontré un poco de energía abrí de nuevo los ojos y enredé las yemas de los dedos en tu cabello. Mis manos eran como dos pulpos en plena actividad encogiendo y estirando los dedos. Lentamente me situé donde antes, extendí los brazos y pregunté.
-Puedes darme el abrazo más lento de la historia?

Recorrimos poco a poco el camino marcado por nuestros brazos. No podrás recordarlo porqué me acabo de inventar toda esta historia a partir de ésta foto (http://blogia.com/tonificante/index.php?idarticulo=200503071). Pero, cómo te has sentido, qué te sugiere, que harías, qué dirías?

Texto agregado el 18-06-2005, y leído por 22 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2005-10-12 22:26:06 Muy buen contexto, me encantò, te felicito. ***** fabiangs
2005-09-28 16:50:31 Carajo.. me he sentido mejor que con mis clases de yoga.. humm debo buscar unos brazos para mi terapia...un susurro* susurros
 
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