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Mis Memorias II (la pubertad)

Continuación...

La pubertad, otra época de reconocimiento

Sí, nuevamente de reconocimiento (¿no será esto parte de la vida?) Pero esta vez el que trataba de reconocerse era yo, mientras me reflejaba en el espejo, un rostro con espinillas y unas pelusas que hoy orgullosamente llamo barba, antes le llamaba “masculinidad” (por ser un símbolo de aquello), una serie de malos entendido me hizo llamarla como se debe, por ejemplo cuando visitaba al peluquero y le decía sin ningún tipo de reflexión en mis palabras “Buenos días Pepe, vengo a que me afeites la masculinidad”, al ver sorprendido en donde me estaba rociando la crema de afeitar recapacité sobre lo importante que es llamar a las cosas por su nombre y no por lo que representan.

En esta etapa de la vida donde despiertan cosas (que irónico en la vejez esas mismas cosas se duermen) que nos revuelven completamente, comienza los cambios físicos y por ende cambios de “look”, en ese sentido creo que he salido perdiendo, por eso he querido mantener mis ropas de niño para no dejar esa etapa, lo vergonzoso de aquello es que en la intimidad alguna mujer vea mis calzoncillos con imágenes de Mickey, mi ropa interior se transformó en un verdadero homenaje a Walt Disney.

Para ser ordenado comenzaré con explicar los cambios que produce la pubertad y los estragos que realizó en mi, transformándome en lo que soy... mmm... creo que mejor paso a otro tema, esto del cambio y el resultado me recordó al libro de Fran Kafka metamorfosis, especialmente por el bicho.

Una de las muchas situaciones que viví en mi pubertad fue la de las fiestas, que recuerdos, a la primera que me invitaron no pude asistir, me contaron que fue muy divertida, el arrepentimiento de mi falta fue intenso. A la siguiente fiesta que me invitaron ellos no asistieron, una especie de vuelta de mano (por no decir venganza). A la tercera yo ni ellos asistieron. La cuarta vez que me invitaron pude llegar y ellos también. Extrañamente la organización, en aquella época, de las fiestas era la siguiente; en un extremo un grupo de mujeres esperando al valiente hombre que se atreviera a invitarlas a bailar y de esa manera entregar el ejemplo a los demás; en el extremo contrario un grupo de hombres, esperando al primer desvergonzado que invitara a bailar y ser, obviamente, el centro de burlas y frases típicas como por ejemplo“le gusta, le gusta”; finalmente un tercer grupo conformado por un solo integrante, yo, preguntándome que hacía allí.

En el tema de las relaciones fui un completo Rodolfo Valentino, pero la versión fracasada, debido a 2 motivos, el primero por que no pude conseguir ninguna novia o pareja y además que mi manera de seducir se basaba en el mismo método de este anticuado actor sex-simbol del cine mudo, el mutismo. El segundo motivo, si alguna vez alguna mujer se interesaba en mi debía superar un gran obstáculo, yo. Recuerdo la vez que traté de declarar mi amor a una mujer de otro curso en el colegio, pero lamentablemente tuvimos problemas de comunicación, típico en mi, ella era una estudiante de intercambio, provenía de Dinamarca, por lo que ella sólo entendía el danés y yo hablaba una especie de español. Esta notoria falta de amoríos y éxito con el sexo opuesto hizo que me ocultara en la lectura, específicamente en los libros, algo típico, aunque los estos debían medir aprox. 1,70 metros, para ocultarme completamente.


La última entrega será la mitad de mi adultez. Otro caso que me hace dudar que este viviendo la vida que me corresponda.


Texto de woody agregado el 23-06-2005.
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