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Inicio / Cuenteros Locales / Olvido_Aras / Crótalos.

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Alguna vez has querido ser otra persona?
Desaparecer. Que tu voz fuera otra.
¿Sabes de lo que te estoy hablando?
Diluirte.

¿Alguna vez te has recibido la amarga inyección que te abre los ojos a todo lo que detestas? Son pocos los que, un día, se levantan con la piel cambiada, con la piel desnuda de disfraces, desnudos como las serpientes, dolientes. Dolidos. Desesperados, la boca seca y llena de des, de palabras a medio masticar.
Son pocos a los que les muerden las serpientes.

¿Alguna vez has querido dejar de pensar?
¿Pensado que todo es más sencillo sin abrir los ojos?
Son las serpientes.

¿Has sentido alguna vez que tu misterio es traslúcido?
¿Que estás desnudo?
¿Qué una ligera brisa, un soplido, puede desbaratar todo lo que te ha costado tanto construir?
Son las serpientes.

Serpientes. Sigilosas se deslizan entre los pensamientos. Verdes, amarillas, azules, rojas. Te muerden, te besan con sus labios vibrantes. Elegantes. Hermosas. Mortales. Me gustaría poder morderlas yo también, dañarlas, comer su carne viscosa y cruda, empaparme de su veneno. Y renacer con su muerte. Renacer con el veneno de la duda que me está matando. Renacer del patetismo de las dudas existenciales, ser como el fénix, salir desnuda, con las llamas lamiéndome los pezones arrebolados, las piernas llenas, el vientre redondo. Renacer de las llamas, con una piel nueva e infinitamente antigua. Tener la lengua como las serpientes, los ojos abiertos, las plumas suaves, siempre dispuesta a volar. A escapar, a dejar que cada partícula de viento se mezcle conmigo. A vivir, a saber que esta voz ronca es la mía, que esta piernas zampas son las mías, que esta cara larga es mía. Saber que este cuerpo que no se mueve con soltura es mío, que estos ojos que miran fatigados son míos, que estos labios pequeños, que estos dientes que muerden, que estas lágrimas que corren, que esta piel que se excita, son mías. Dejar a las serpientes morderme, hacerme daño poco a poco, dejarme morir mientras me comen viva dulcemente, mientras el dulzor de su mortífera pócima me llena la boca, me rebosa, me hincha. Serpientes. Sigilosas se deslizan entre mis pensamientos. Cuando pienso. Cuando escribo para no reventar. Cuando las preguntas me revientan en la mente y me duele hasta pensar.

Son las serpientes...

Texto agregado el 30-06-2005, y leído por 47 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2005-07-16 04:39:28 Ser como las serpientes , sigilosas , cautas, perspicaces. Bueno, genial, que buena ocurrencia literaria me has encantado como una serpiente (todas tenemos algo de bichas ) , mis 5* ninfadafne
2005-06-30 19:18:02 "La serpiente es larga, 7 kilómetros y su piel es fría". A veces nos sentimos tan frágiles. Y lo somos! Saludos! SandiLaguna
 
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