Rojo y púrpura
las nubes
sangran hambrientas
de humanidad hirviente
de capital.
Pulgas,
hombres
de todos los colores
saltan impacientes
de los autobuses
y miran
con ojos de espejo
el suelo, las tripas
de la ciudad.
No se ven
no se topan
ni se hacen daño.
Caminan
pulgas
corderos
hacia las fauces
de este amanecer caníbal
que pide
calmar la sed
con agua salada
con sudor
con lágrimas.
Con vidas.
Amanecer caníbal
sacrificios humanos
dioses iracundos
que piden existencia
para calmar su hambre.
Dioses neonatos
electrónicos,
argentinos
deidades crueles
que amanecen
fosforescentes
mientras las pulgas
hombres
corderos
se encaminan
grises
a dejar la vida
para comprar
felicidad.
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