Pi, pi, pi, pi, pi...
No se escucha nada al otro lado. Solo el eco en mi cráneo, que piensa que respiras, que se imagina que te escucho. Es hermoso poder engañarme. Agridulce pócima de mentiras.
Pi, pi, pi, pi, pi...
No hay nada. Un zumbido, una candencia de abejas, de ondas, de física. De la expansión física del vacío. Nada absoluta, pureza nadaína, nadas de cebolla, nanas de telefonía.
Pi, pi, pi, pi, pi...
¿Estás perdido? ¿Volverás? Creo escuchar respuestas mudas en el asíndeton de las notas, monótonas, polífonas, sincopadas, fusas, corcheas, blancas, negras. Pentagrama de silencios. Y yo que espero.
Pi, pi, pi, pi, pi...
Pero no hay nada. Ánade andante andrógino, ¿dónde te escondes? ¿Por qué te has muerto?
Nada, nada, nada más que cinco aullidos puntiagudos. Y un gran nada de nada.
|