Y sigo aquí,
tendido sobre mi lecho,
atrapado entre las sábanas,
cubierto por flores secas que aromatizan mi sufrimiento;
Descansando al fin en paz,
aunque el sol me quema por las mañanas,
y el frío me congela por las tardes;
Altas dosis de morfina,
intentaron anestesiar mis heridas,
pero ni la más grande vacuna pudo sanar el profundo dolor que sentía mi corazón. |