La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - Jaco - 'Genaro y Julia'
Genaro y Julia
Aquel día, Genaro Gutiérrez, el audaz y joven hijo de Don Antonio, tendero del pueblo, visitaba la vieja biblioteca rural de San Andrés Telpayaca. Revisaba algunos libros cuyos temas eran: la sexualidad, el matrimonio, la adolescencia, entre otros. En realidad sólo leía tres libros, los cuales eran los únicos en este lugar, que versaban sobre aquellos asuntos. Además, se encontraban en el anaquel más escondido de este pequeño mundo de letras.
La atención de Genaro en dichos compendios era tal que parecía no distraerlo ni el más estruendoso ruido de los truenos relampagueantes de aquella tarde de tormenta eléctrica. Entonces, el sonido rítmico de un par de tacones provocaron la distracción de su mirada y un leve giro de su cabeza hacia el origen de aquel andar. Era Julia, la hermosa y tierna muchacha de ojos alegres que, en San Andrés, era deseada para el noviazgo por la mayoría de sus coetáneos machos. Genaro no era la excepción; también tenía en sus pensamientos la posibilidad de tomar la mano de Julia algún día, sólo que era más discreto que los otros. De hecho, nunca había cruzado palabra alguna con la jovencita.
La razón que tenía a Julia en la biblioteca era leer algún libro que le hiciera entender lo que en sus adentros estaba sintiendo.
Al igual que Genaro, Julia asistía, desde tres meses atrás, al Centro de Bachillerato No. 9, en el cual comenzaban a cursar el nivel medio superior. Para llegar a este sitio, viajaban, junto con algunos jóvenes de su generación, durante cincuenta minutos en autobús, desde Telpayaca hasta San Pedro El Alto, municipalidad a la que pertenecía su pueblo natal y donde se hallaba el centro educativo.
Ahí, en el Centro de Bachillerato No. 9, Julia hizo un descubrimiento: comenzó a sentir atracción por uno de los chicos que asistía a la escuela. Este era su problema. Quería saber por qué era tan especial su sensación y encontrar la manera de hacérselo saber al jovencito.
Esa tarde que entró a la biblioteca, un poco mojada por la lluvia, al notar la presencia de Genaro, hizo sonar con fuerza sus tacones al andar. Quería que él supiera de su llegada; lo logró. La concentración del pupilo se perdió. Genaro dejó su lectura para observar discretamente aquella figura que entraba y se dirigía al encargado del recinto.
—Busco un libro que hable sobre los chicos y las chicas. Dijo Julia apelando al bibliotecario. Éste le respondió: —¡Mmmh! ¿Por qué no me especificas más qué es lo que realmente deseas?
—¡Sí!, algo acerca de lo que le pasa a uno cuando otra persona le gusta. Así contestó Julia, directa, sin más rodeos.
—Mira, -contestó aquél-, los únicos libros que yo creo te pueden servir, los tiene ese chamaco de aquella mesa. Señaló a Genaro y prosiguió.—Puede decirse que esos libros son de él. Es el único que los lee; nadie más los ha leído, al menos en este lugar.
Julia se detuvo un momento a pensar. Miró a Genaro, quien le daba la espalda, dado el lugar en el que se encontraba. Armándose de valor, se acercó a la mesa donde se hallaba su objetivo. Al llegar, se sentó en la silla que quedaba frente a Genaro, éste levantó rápidamente la vista y se sorprendió al ver frente a frente el bello rostro de la mujer que en repetidas ocasiones ocupaba sus pensamientos. Julia también tuvo un pequeño desequilibrio; se sonrojó al sentir la mirada de él fija en la suya.
—¡Hola!. Dijo tímidamente la chiquilla
—¡Ho...o...la! Tartamudeó Genaro
—Mi nombre es Julia y quisiera saber si me puedes prestar tus libros. Dice el encargado que son tuyos.
—No son míos; ¿por qué dice eso?
Julia se apresuró a contestar: —Bueno, como si fueran tuyos, sólo tú los lees.
—¡¿De verdad, sólo yo he leído estos libros?! Se sorprendió Genaro.
—Pues ya no serás el único si ahora los compartes conmigo. Necesito buscar unos datos. Dijo ella. Entonces él lanzó inesperadamente la siguiente pregunta: —¿Quieres ser mi novia?
Asombrada y boquiabierta, ella sólo esbozó: —¡Eh! ¿Cómo dices?
—¡Nada, nada! Perdón. No dije nada. Después de estas palabras, Genaro salió rápidamente del lugar, apenado por la frase que estaba pensando y le salió sin desearlo.
—Adiós. Fue lo último que él dijo. Julia se quedó desconcertada.
Una semana después de este suceso, la biblioteca desapareció de San Andrés. Según el gobernador del pueblo, era muy poca gente la que la visitaba y no tenía caso seguir manteniéndola.
Julia visitó la biblioteca durante los últimos siete días que sobrevivió el lugar. Genaro nunca se apareció por ahí. Ella jamás pudo decirle que era él la persona por la cual sentía una gran atracción.
Texto de Jaco agregado el 18-07-2005. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net
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