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Inicio / Cuenteros Locales / Ana20 / Elizabeth Parte 3

 Versión para imprimir  Enviar a un amigo [C:12439]

Apenas se levantó el Capitán Fowler, a John lo invadió una repentina sensación de miedo y angustia.....pues en este preciso instante, se dio cuenta que el Capitán no se había levantado precisamente a hablar.
De esto se dio cuenta muy tarde, cuando sintió el pesado puño derecho del Capitán sobre su mejilla izquierda, y fue ahí cuando realizó que el comentario suyo no había sido el más apropiado.

Cayó de espaldas sobre la mesa contigua a la del Capitán, haciendo botar las cervezas y demás viandas que sobre esta se encontraban, y partiendo la mesa en dos. Cuando se dio cuenta de lo ocurrido, John inmediatamente acató a levantarse, y sin mirar atrás, le dio al salonero la plata correspondiente a los daños y se fue del Spiffy Joes, dejando tras de si un eco de risas burlonas.

Con su orgullo herido y con un diente roto, John se apresuró con pasos largos, a llegar al puerto para poder recoger sus pocas cosas y retirarse por el día, cuando de repente sintió que lo llamaban:”-JOHN!!”

A esto, dio media vuelta, y cual sería su sorpresa al descubrir que quien lo llamaba, no era ni más ni menos que Elizabeth. Al ver a esta preciosa criatura, John paró en seco. Se dio cuenta que Elizabeth estaba hace mucho tiempo buscándolo, pues su frente estaba sudorosa de estar corriendo de un lado para otro.

Para no parecer maleducado, se le acercó y le ofreció un pañuelo, a lo que Elizabeth, aunque un poco extrañada por el aspecto del pañuelo, accedió y se limpió su brillante frente repleta de sudor. John quiso saber el porqué de la búsqueda de Elizabeth. Ella le respondió que necesitaban en su casa a alguien que realmente supiera del mar para que esa noche, en la fiesta de su padre, fuese a contar sus aventuras, y que, siendo él el único marinero conocido, el alcalde había convenido en que ella lo fuese a buscar para que visitara su mansión esa noche.

John se sintió a la vez halagado y asustado, lo primero porque nunca en su corta vida, lo habían siquiera considerado para un evento de tanta importancia como para ir a la casa del alcalde de Londres. Lo segundo porque debía de pensar en muchos detalles en muy poco tiempo para poder ir presentable a la casa del alcalde, y para, a su vez, causar una buena impresión en él, su esposa, en Elizabeth y todos los de la alta sociedad.

Súbitamente, sus pensamientos se centraron en esa sola ocasión.... y en como sería la forma mas adecuada de resolverla. Pensó primero, como buen aventurero, en resolver su situación de la manera más fácil: robándose un traje de la tienda del sastre. Luego pensó qué pasaría si el sastre se diera cuenta de lo que había hecho y en media celebración llegara a la mansión e hiciera que apresaran a John.

Por eso evitó ser deshonesto y al contrario de su primera intención, fue adonde el sastre y muy gentilmente le pidió que si le podía dar un traje semi formal para una gala que tenía en la mansión del alcalde Wiggins esa misma noche.
La primera reacción que tuvo el ingrato sastre fue la de reirse, pero al ver que nuestro amigo estaba esperando su traje, fingió seriedad y se fue a la trastienda a inspeccionar si tenía trajes de la medida de John.

Mientras hacía esto, nuestro marinero pensaba en la mejor manera de convencer al sastre que hicieran un intercambio, que a ojos de John era bastante bueno; y éste era que a cambio del traje, le daría buen pescado, pulpo, salmón y en fin, todos los productos marinos que quisiera por un tiempo.

Ya de por sí bastante nervioso con este pensamiento, nuestro amigo ni se dio cuenta de cuando el sastre volvió a estar a su lado, pero de un golpe realizó lo que pasaba. Agarró coraje de donde más pudo y preguntó:
-“Señor Rogers, le vengo a hacer una proposición. Quisiera ver si usted sería tan amable de darme el traje a cambio de una oferta que cualquier hombre razonable como usted no podría negarme.”

El Señor Rogers, ya de por sí interesado, se volvió adonde estaba John y le preguntó:
“¿Cuál sería esa oferta a la que, según su coraje y osadía, no me podría negar?.”

A lo que nuestro amigo respondió:
“ Creo que a usted le vendría muy bien poder disponer de productos del mar tales como pulpo, salmón o camarones a la mitad o a una tercera parte del precio a la que se las vendo al resto de la gente. Claro está, que si quiere cerrar este trato conmigo, necesitaré saber que usted me dará el traje.”

El Señor Rogers lo miró pensativo y al final le dijo que aceptaba el trato. Después de la afirmación del sastre, nuestro amigo John empezó a probarse cada traje confeccionado que tenía hasta que encontró uno que le resultó favorable.

Este era un traje largo azul marino, cuyo saco le llegaba hasta la rodilla con decoraciones doradas en la solapa del saco. Además, el saco traía como adicional, un lazo blanco para ser usado alrededor del cuello el cual nuestro amigo no apreció pero por el formalismo de la ocasión no tuvo más remedio que usarlo. Además, traía un pantalón que le llegaba más arriba de la rodilla que era lo que se usaba para la época y un par de medias blancas que le llegaban hasta la mitad de la rodilla.

Por suerte, nuestro amigo, tenía en su humilde casa, un par de zapatos aptos para la ocasión, y entonces luego de que se probó todo el atuendo, le dijo sonriendo irónicamente: “Ha sido un placer hacer negocio con usted, Sr. Rogers”.

Acto seguido salió a la calle, rumbo a la casa del alcalde.

Era una típica noche húmeda y calurosa del verano de Londres. Mientras caminaba con fingida seguridad, meditaba sobre lo que encontraría en ese, para él, extraño lugar; cuando, como un relámpago, golpeó en su mente un pensamiento que lo dejó paralizado de inmediato: ¿Qué clase de aventuras marinas contaría en la fiesta? La sola idea de no saber qué decir frente a toda aquella gente, o de ser avergonzado en presencia de Elizabeth bastó para que su determinación pasara de fingida a nula; pero ya era demasiado tarde, cuando reaccionó ya se encontraba en las puertas de la casa. Sin otro remedio, saludó de la mejor manera que pudo a los anfitriones, entre ellos Elizabeth, no sin notar la brusquedad de sus ademanes comparados con los de los otros invitados.

Una vez adentro, fue guiado por Sarah, su anfitriona, al salón donde ya se encontraban reunidos los otros invitados.

Aquel era un salón grande, adornado con tapetes con figuras de colores, una gran lámpara en el centro y una estatua de mármol con forma de mujer que parecía dominar con imponencia aquel lugar ambientado por la música acompasada de un pianista que parecía estar navegando entre la fina neblina del humo de pipa.

John se sintió insignificante en aquella atmósfera de humo, licor y opulencia.

Mientras empezaba a adaptarse y comenzaba a hablar con Steven Sears, el juez, apareció en el salón el hombre que sería la fuente de su desgracia, Samuel Blake, de la mano de Elizabeth.

En ese momento, se dio cuenta de la imponencia del Sr. Blake. Era un señor bastante avejentado de apariencia, pero que por su carácter y fuerza de voz aparentaba veinte años menor , y de inmediato, John se dio cuenta de que no tendría mucha oportunidad de discurrir con él en algún tema de relevancia pues sabía que lo dejaría con las palabras en la boca.

Fue en ese preciso momento, cuando se dio cuenta que todos los invitados del Sr.Wiggins, y sus anfitriones entre ellos Elizabeth, se le habían quedado viendo fijamente. Al principio, se sintió avergonzado y no supo que estaban esperando de él. Luego, se acordó el propósito de su visita a esa casa y se preparó para lo que sería, la noche más larga de su vida; por lo menos hasta ahora.

Tragó un golpe de saliva y cuando se preparaba para empezar a contar su historia de mar, advirtió que todavía no era momento; pues primero iban a cenar y hasta después cuando los hombres se reunieran a fumarse sus pipas y a tomar cognac, sería el momento en que tendría que contar sus aventuras.

Texto agregado el 17-09-2003, y leído por 197 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
2005-03-05 16:18:41 Por ahora me está gustando bastante. encoruja
2004-05-30 18:22:58 Adelante, con el esfuerzo tenemos ya 3 partes hasta aquí!!! Sigue adelante Xwolf
2004-04-19 20:53:38 A mi, hasta ahora me resulta interesante. A la vez estoy tratando de gustar de una prosa sencilla, muy llevadera. Sigamos viendo. elbarso elbarso
2004-02-09 22:10:36 no me gusto amor de mis amores, es que se me hace dificil asociar Londres con un calor de "verano"? a la mitad de marzo, al igual que la importancia de algunos personajes... saludos.... Florentino_Fuentes
2003-12-21 11:30:35 concuerdo con eiffelann en que es dificil de seguir, pero debes de mejorar un poco el lirismo de tus textos. cuidate. DEISMAO
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