1990
Parece que la veo, cuando por las mañanas sorbíamos café. Ella, sentada en mis piernas; pendiente de la taza: ¿No quiere más? yo sonreía, mientras mi mano jugaba con el rulo de su pelo y me extasiaba con el olor de su cabellera. Todo está igual: los libros, el viejo ventilador, las flores en el esquinero. A mi me falta ella, y tal vez a ella le sobre yo.
2000
He prometido no preguntarme: ¿sí ella se habrá acordado de mí? ¡Me injurio!, ¡maldigo! Cuando por la mañana al darle vueltas con la cuchara al café, estúpidamente le hablo: ¿Dónde están los años que nos dimos? ¿Dónde nuestras sonrisas?
200?
¡Qué tiradero! Un poco de orden antes de cerrar las ventanas, mientras escucharé el “sueño de Amor de Litz” con esa melodía besaba sus ojos y de su pelo salían mariposas oliendo a manzanilla. ¡Uff!, ¡qué cansancio!, pero ¡ todo reluce tanto como si ella lo hubiese hecho! Me dormiré en la poltrona*, mas antes pondré los recuerdos en el pecho, asi, ellos se irán en la madrugada, sin que puedan asustarse por los ruidos de la ciudad.
* Próximo texto
|