Rocé tu suave piel… Mis dedos, tiritando, recorriendo los bordes de tu rostro, caminaron por las grietas de tu tez, avanzaron lentamente por tus ojos… Se agitaron… Se cansaron… Y se apoyaron sobre tu pecho… Subieron y bajaron sobre el aire… Creyeron agonizar en la recámara del amor… Pretendieron fallecer… Pero al encontrarse con sus pares ajenos renacieron… Cómo volamos… Hoy te reviví… Hoy nos sentimos… Abrazamos nuestras manos… Con qué fuerzas nuestros dedos se aferraban! Ellos no querían separarse… Tampoco quería yo que lo hicieran… Se tocaban… Se entrelazan… Juntaban sus pieles… Sus yemas sentían las vibraciones… Se amaban… Pero eran solo 20 dedos contra un mundo entero… Y la separación llegó… Y los dedos se desligaron… Y las yemas lloraron… Las manos se apretaron… Las yemas lloraron… Y los dedos se separaron… Y las yemas lloraron… Lloraron…. |