En una tarde de verano, un hombre ciego en un parque pedía limosna. Hacía un calor muy intenso. Otro hombre se acerca y deposita en su mano unas monedas.
– Que fuerte está el sol el día de hoy. Dijo.
El ciego preguntó: - Señor, -.¿Cómo es el sol?
El sol. Dijo el hombre. Es como un disco en las alturas.
El ciego hizo la misma pregunta a una mujer que pasaba por allí: Señora, señora, dígame -¿Cómo es el sol? El sol, Dijo ella, Es un astro que queda muy pero muy lejos.
El hombre de los helados con su campanita invitaba a los niños a comprar sus productos. El ciego se le acercó guiado por el sonido de las campanitas.
-Señor, dígame ¿Cómo es el sol?
- El sol, es de un amarillo intenso.
Los niños que jugueteaban cerca al ciego no se salvaron de la pregunta insistente de este hombre. Niños, niños díganme ¿Cómo es el sol? El sol, Dijeron los niños. Es más grande que la luna.
Aquel día el ciego aprendió que el sol era como un disco, quedaba muy lejos, su color era de un amarillo intenso y que era muy grande.
Cada mañana que el ciego recibía los rayos del sol, recordaba estas definiciones que había aprendido aquella vez de la gente.
Pero…… Si este hombre es ciego de nacimiento. ¿Cómo sabrá que es un disco? ¿Cómo sabrá que tan lejos puede estar el sol? ¿Qué es un astro? ¿Cómo podría comparar el color amarillo? ¿Cómo podría comparar el tamaño del sol con la luna?
A veces los hombres son como el ciego de este cuento. Se quedan con los conceptos sin profundizar en las cosas. |