Mi sísmica respiración me dejaba inmerso en mis miedos, mi coraje enamorado me pedía continuar con esta avalancha de sensaciones aún no expresadas y haciendo caso de su gran consejo, decido llevar mi mano derecha sobre mi boca semi abierta que casi escupía el sentimiento. Empuñé mis verdades. Agarré fuertemente mi agonía, intentando escurrirse por las falanges que deseaban recorrerte, abría sus brazos para recibir tu soledad. Dí un giro hacia atrás con mi brazo, sintiéndome beisbolista lanzador en grandes ligas y, desatando, en un lance, todos mis anhelos contigo, percibiendo el dolor de mi primer intento puro evaporado en el olvido, miro tus ojos y siguen inmutables.
Maldita idea ésta de estrellar mi amor contra tu ausencia!!!
|