DESPERTAR
Yacía en los brazos abiertos de un libro,
abusando de su angustiosa sabiduría,
abrazada contemplándome,
eternamente embelesada.
No caían hojas sobre mi cabeza,
y yo aún corría tras los pichones,
jugueteando en la confusión de su batir de alas,
atrapada por la inocencia.
Un día me encontré sola,
parte de un todo,
de UN todo,
y me encontré SOLA.
|