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PERRA VIDA Arrastraba las cadenas cual ánima penosa por los corredores de la mansión, asustaba pero no habitaba las tinieblas de la muerte. No conocía la luz del día, ni el aroma de la primavera. Nació muerto, aunque deambulaba por la existencia; imaginaba como sería afuera de su encierro, anhelaba la libertad que le fue negada desde su tierna infancia. Muchas veces trató de escabullirse de la casa sin éxito, su destino estaba marcado: la soledad sería su compañera eterna. Euclides, lo llamaron, tal vez por el héroe de los mitos, aun cuando su más grande proeza había sido propinarle una mordedura mortal a un delincuente que invadió la casa. Esta sí era una verdadera... vida de perro. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |