Camino por las calles y en cada mujer veo tu rostro.
El sabio poeta en su monólogo profundo recuerda tus manos, y el efluvio de tu piel yace perdido como el alabastro en un mar de ébano. Mis ojos profesan que son sólo el prólogo de tus labios.
Y ahí estás, con la pulcritud de tu luz, iluminando el jardín que ama, miente,llora y vive con el vago recuerdo de tu voz... |