Un día, el pueblo se inquietó por la llegada de un barco. Llegó una mañana, para embarcar el banano, pero no duró mucho en el pueblo, ya que la fruta a transportar se dañó inexplicablemente, los colores de las flores se tornaron pálidas; ese día los pescados despedían un olor muy malo y penetrante. La embarcación, llevaba un tripulante enfermo.
Cuando ancló el barco, buscaron al doctor del pueblo. El marinero había probado una fruta muy rara nunca antes vista. La había encontrado en una aldea muy lejos de allí; cuando la digirió, el marinero sintió escalofríos. El médico quedó estupefacto cuando vio al paciente echando humo por la boca, como cuando se baja la temperatura, pero eso era algo imposible, por que hacía un calor infernal. Los conocimientos del doctor, fueron en vano, era una extraña enfermedad.
Samanta la yerbatera del pueblo, le dio al marinero, un brebaje, compuesto por una pequeña fruta que sólo se daba al pie de la montaña que tenía forma del rostro de un indio. El marinero sanó, y la embarcación se marchó, pero la extraña enfermedad, solo afectó a una sola persona en aquel sitio.
Martha, la lavandera, estaba a punto de dar a luz, sufría un síntoma contrario a la enfermedad del marinero; ardía en fiebre. Ella tomó del brebaje de Samanta, se sanó al instante, pero la bebe había nacido muy mal. Samanta, la yerbatera, no hallaba que preparar, no lograba encontrar la cura. Todos los presentes, estaban muy afligidos.
Entonces, su hermanito empezó a cantar una canción de cuna, con un tono muy bajo y suave, y su hermanita empezó abrir los ojos y a sonreír.
Algunos decían en el pueblo, que el niño había salvado a su hermana con su canción, ya que la música tiene un efecto poderoso en las emociones, otro decían, que fue la voluntad de Dios; lo cierto es que ese día, ocurrió un milagro de amor. |