Sentí tu aroma y mi corazón comenzó a golpear mi pecho con fuerza.
Tus ojos brillaban y yo comencé a sentir ese antiguo deseo recorrer nuevamente mi cuerpo. ¡Cuántas noches soñé contigo, amor!, ¡cuántas veces quise buscarte, pero no me atreví por miedo a que me rechazarás!; sin embargo esa noche estabas ahí y ya no perdía nada. Era quizás la última vez que estaríamos juntos... no perdía nada y el deseo volvía a mi más profundo que nunca.
Todo comenzó como siempre... y se fue dando como nunca. Tu mirada me inquietaba al comienzo, la sentía inflamada al llegar a mis ojos que se deleitaban con tu ser. Jugamos, jugamos mucho y entre estos juegos te dije que eras mi fantasía. ¡Qué locura!. Han pasado casi cinco años desde que tuvimos nuestra primera aproximación y esta noche sólo bastó con que me dijeras: “vámonos” y entre risas, nos despedimos de los demás y agarramos tu auto. Mi corazón se sacudía con más fuerza en mi pecho y ya me sentía muy excitada. Tú manejabas con rapidez y sólo decías que nos despediríamos como debía ser.
Llegamos a un motel en el cual la entrada estaba sólo iluminada con unas lámparas amarillas. Estacionaste. Entramos y sentí tu calor furioso invadiendo mi vida. “Hace tanto tiempo que quería esto”, murmuraste y nuestras bocas sólo fueron una. Saboree tu humedad como siempre lo soñé: tu lengua exquisita, tus labios apetitosos, tus dientes perfectos. Sin preámbulos nos acostamos desnudos en la cama. Tu piel maravillosa quedó impregnada en mí. Tus labios me recorrieron y tus manos se llenaron de mi cuerpo...yo, me concentré en vivirte, oliéndote, mordiéndote, lamiéndote, abrazándote hasta el infinito. Entraste en mí, me acometiste con locura, nuestro placer se multiplicó y estallamos juntos en el deseo. Mientras persistían los últimos temblores, con tu boca sobre la mía, me dijiste algo que yo ya sabía, pero que no quería escuchar: “no puedo dejar de amarte... siempre te he amado..ahora lo sé”. Vinieron sobre mi tantos sentimientos, tantas palabras, tu antiguo temor de quedar “enganchado” y no poder “salir” y sin pensar en nada te miré , tus ojos brillaban, ya no de deseo, sino de amor y nostalgia prematura ... “también te amo, pero ésta sólo es una despedida al amor”.
Nunca más volví a verlo, no me llamó y yo no lo llamé, aunque su teléfono aún lo tengo anotado en mi agenda.
|