La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net - azuletereo - 'El saco del duende'


El saco del duende

Una noche, como cualquier otra noche llegué a casa muy tarde, creo que serían las 11 cuanto menos, me senté al borde de la cama y sentí que no tenia sueño, busqué por el féerico piso de la habitación algo que me diera distracción y me ayudara en la búsqueda del sueño, al azar tomé un libro de E.A.P. y distraídamente comencé a leer, al llegar la media noche sentí una sensación extraña pero no noté nada raro, continué leyendo hasta el amanecer, hasta el momento justo en que debía salir de nuevo de casa...
Al salir a la calle y durante varias cuadras de camino veía que a las personas que se cruzaban en mi camino les faltaba algo, eran seres incompletos. Al llegar a casa de mi novia y tocar a la puerta como de costumbre, esperé como de costumbre fumando un cigarro, cuando la mujer que me robába el corazón salió a la puerta noté, que, más que nadie ella era una mujer incompleta, durante varias horas estuve analizando a todos a mi alrededor, hasta que descubrí que todos carecían de sonrisa, por el amor que le tenia a esta mujer decidí buscar en todas partes la razón por la que nadie podía sonreír...
Andúve por el mundo, de polo a polo, pase a otras dimensiones y no lo podía hallar, cuando me encontraba divagando por los colores del arco iris pude en la distancia ver a un duende que bregaba con un saco, apresure mi paso y me dirigí directamente hacia él, al indagarle sobre el contenido de la bolsa reaccionó de forma nerviosa y de un soplido la empacó en su sombrero y echó a correr, lo perseguí a toda velocidad, por todos y cada uno de los colores saltando del blanco al violeta, pasando por el azul y el naranja y hasta que por fin cuando iba entre el verde y el azul lo tuve cerca y pude de un manotazo arrebatarle el gorro, pero el haló con todas sus fuerzas al igual que yo, hasta que se rompió el gorro y volaron sonrisas por todos los colores, empecé a recoger a brazadas las sonrisas y me llené los bolsillos, la mochila y guarde sonrisas en donde pude, regrese a la ciudad y fuí de casa en casa regresándole a cada persona la que le pertenecía, los niños reían sin descanso y todo el mundo ofrecía su mejor sonrísa, pero como el duende logró tomar muchas sonrisas y escapar, también hubo muchos que se quedaron sin la sonrísa, y es por eso que desde ese día HAY AMARGADOS Y GRUÑONES QUE NOS HACEN IMPOSIBLE LA VIDA...


Texto de azuletereo agregado el 23-08-2005.
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