Una mueca bobalicona le deformó el rostro de forma peculiar. Algo parecido a una sonrisa, semejante a un gesto incomprensible de extrema ternura que luego fue decayendo hasta llenarle toda la piel pegoteado en baba.
A primera vista, un niño, solo un niño palmoteando sus manos con inusual alegría. Movía un cascabel de un lado a otro hasta que un llanto afloró en los labios del festejado. Un murmullo se escuchó, parecido a unas cuantas palabras.
- Diablos- le dijo este al de más al lado, visiblemente molesto- Este siempre me viene a molestar cuando tomo mi siesta de los Domingos.
- Déjalo, así son ellos. Mira que no cabe en su felicidad.
- Lo dices por que a ti nunca te vienen a molestar cuando duermes. ¿Acaso lo conoces?
- Sí... es mi Papa. Y el de al lado, es mi tío. Ese es peor. Será porque hoy cumplo 2 años, creo yo.
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