|
Las flores del vagabundo El vagabundo se recostó sobre la banca de la plaza que lo esperaba desde hacía varios días. Tan pronto colocó su cabeza en el asiento, cerro los ojos, al principio cerrándolos muy fuertemente, luego sus párpados rugosos se fueron relajando tímidamente hasta que tras un largo y tibio suspiro sus ojos quedaron entreabiertos. La Página de los Cuentos - www.loscuentos.net |