Un día te conocí, y al otro día ya éramos amigos. Me decías “Cabecita Loca”, por seguir mis sueños, por romper las olas. ¿Recuerdas todas las cosas que pasamos juntos? Yo las recuerdo aún, después de dos meses de que todo terminó. Si me preguntaran quién sufrió más, aseguraría que yo, sin dudar.
Eras mi ángel de la guarda, sobrevolando mis horas bajas; eras la música del alma, la lluvia cuando estalla. Me gustaba así, todo era perfecto… ¿por qué tenías que partir?
Me decías Cabecita Loca, por soñar despierto, por querer que no amanezca nunca. Siempre era igual, siempre eras tan segura, tan… para mí.
Tu rostro aún está grabado en mi habitación, tu olor aún me persigue, tu voz me habla. Supongo, que ahora me protegerás desde donde estés, ¿no? Sálvame, no me dejes caer, en la tristeza de las noches en vela; sálvame y yo siempre te seré fiel, seré la nieve al caer al mar.
Sálvame, sálvame, ¡sálvame!
La noche terminaba, el sol estaba apareciendo en el horizonte; con un suspiro, desperté un nuevo día… sin ti. |