Me enamoré de esa tristeza que emana de tus ojos de miel. Todo lo abarcan tus ojos grandes, como si la noche no fuera más que una lágrima de sal y cielo, dejada por vos al pasar.
Ya no hay salida para este corazón que persigue sin cesar sus sueños de poeta. Pero vos estás a tiempo de salvarte de mi destino incierto.
Por eso vestite correctamente y anda a la oficina. Sumergite en la rutina acorazada de los días y olvidate de mí.
Yo estaré irremediablemante pérdido, en cines sin nombres, en plazas de color azafrán, en las costas de un extraño río de sueños.
Ya no llamés porque no seré yo quien conteste.
Yo estaré en la cima de un edificio de anhelos sublimes, alimentando pájaros de un árbol partido por un rayo de locura.
Pagá tus cuentas, salí a comer a restorantes bonitos, dormí ocho horas diarias, ponete de acuerdo reglamentariamente con la mayoría y salvate de este camino de letras frías, de besos amargos, de primaveras azules y de cielo sin dios, que he decidido seguir. |