Me prometí no escribir por un breve lapso, pero debido a lo que sucedió hoy en mi, se me dio por compartirlo con Uds. Gracias…
Que sucede cuando uno se siente vació,
a qué hay que recurrir, a quién hay que recurrir.
Uno busca la felicidad, estar bien, sentirse bien,
pero de vez en cuando se padece una insuficiente
alegría momentánea que no conduce a otro lugar
que a la nostalgia, al pensamiento, al recuerdo.
Cuando nos ponemos en una situación en la que
no sabemos que hacer, si gritar o callar, si llorar o reír,
si encontrarse o perderse.
Un vació que carcome las penas como pirañas
en un rió de lágrimas derramadas por despecho o por desolación,
que cubren de una forma u otra la manera en que la miras
buscando ese “algo” que llene el espacio que ella o alguien más dejo.
Hoy al llegar a mi casa, mientras caminaba, con la vista en el suelo
pisando baldosas que conducen a Ningún Lugar al 1185,
trataba de atinar aquello que falta en mí llegando al fin a ese sitio
en donde está mi habitación, mi refugio, mi trinchera;
mi simbiosis pero sin animales ni vegetales
solamente con nostalgias, pensamientos y recuerdos
de lo que alguna vez me provocó felicidad o intento de ésta;
algo que me haya hecho pasar momentos agradables y tiernos
que solo duran un segundo como agua en las manos
y a pesar de eso son los momentos inolvidables por los que
todos los días pienso en verla, para tratar, para conseguir
que se llene, por ocasiones, el foso de mi corazón.
“Nadie puede explicarnos el dolor, su ilimitado alcance ni sus profundidades enigmáticas. Nadie nos puede descubrir el vacío que deja en el mismo centro de nuestro ser, un vacío que nada lo llena.”
Leo \-/
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