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Inicio / Cuenteros Locales / Luisitu / Yo Soy Aries Sin Saber En Realidad Quièn Soy

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Para comprender el significado enigmático de mi signo zodiacal, visité una de esas casuchas en el centro de la capital alarmado por mi baja autoestima, perdiendo significativamente mi poca autoestima cuando caí en un huachano con olor a mondonguito y ruda podrida en medio de la nada, entre micros tóxicos y ladronzuelos a plena luz del día. El huachano decía llamarse Apolonio, llevaba un turbante indecoroso sobre el espeso cabello, unos mostachos en la comisura de sus gruesos labios (mostachos que ya no se usan) y, según contaba mientras ponía a hervir agua en una tetera con sarro, se había codeado con la gentita nice de los bajos-sub-mundos. En principio, me cobró una tarifa que podía desvalijar, en vez de reverdecer, la poca autoestima que todavía profesaba, pues fue una tarifa inalcanzable para mi modesto bolsillo -por eso tuve que mentirle que venía a nombre de un diario conocido para realizar la respectiva crónica que aparecería sin duda ni contratiempos el domingo, yo era un periodista, y si me reducía el costo de la lectura de cartas, hablaría lindas cosas del pitoniso, y de lo lindo que le quedaban sus mostachos norteños, sin mencionar claro el olor a mondonguito y ruda rancia ni lo huachafo que se veía su turbante de señora (ni el póster inmenso a todo color de Karen Dejo pegado al lado del de la Virgen de La Puerta).
Por lo demás, el tipo era muy buena gente (qué ingenuo fui), me hizo una sustancial rebaja y me sugirió lavarme las manos con el agua tibia que momentos antes había puesto al fuego. Mientras allá afuera, se escuchaba aullar a una mujer con la histeria capitalina no repitiendo más que: "¡devuélvame mi cartera, ratero!"
-Sucede siempre- me dijo el vidente profético llamado Apolonio-. Usted sabe, en el periodismo se ve estas clases de cosas.
Pero yo no era periodista, o al menos jugaba a serlo, por eso me sorprendí por la frialdad con que el ladrón pasó cerca del cartel que anunciaba al Príncipe huachano Apolonio, y éste no hiciera más que saludarlo, aconsejándole que tenga cuidado al cruzar la pista.
-Ver estas barbaridades a uno lo hace frío, oiga usted- me dijo, mientras yo me secaba las manos pensando ojalá este apestoso del norte chico no me robe la casaca negra de mi padre que llevo puesta, porque más que frío parece indiferente y helado.
Ya debidamente acondicionado, y pensando en mis dos amores, la música y la literatura, algo en el cual, dicho sea de paso, puedo pasar como infiel, pues acostumbro darle la espalda a mis amores para encamarme con mis sucias pasiones, le hice preguntas que más podrían pasar como preguntas típicas; preguntas como ¿cómo me va a ir en el amor?, ¿finalmente ve publicada mi primera novela?, ¿qué amigo o amiga me lee más?, ¿voy a grabar algún día algún disco?, ¿en el trabajo, ve algo favorable?, ¿voy a salir al extranjero y ser feliz allá?, ¿le dice algo las cartas sobre mi estado de salud, maestro?, ¿me ve como Novel de Literatura o como un conformista escritor para amigos?, ¿será cierto que Mónica a aprendido a quererme?, y, ¿Perú va a ir al mundial de Alemania 2006?
Apolonio echó sus cartas, me preguntó a qué mes pertenecía, le contesté sin inmutarme nombrando el mes más lindo del calendario y pasó a decirme, de paporreta, como mecánicamente memorizado, lo siguiente:

ABRIL:
Activos y dinámicos. Toman decisiones y luego se arrepienten de ellas. Fuertes mentalmente. Les encanta que les pongas(n) atención.
Amigables y les gusta a ayudar a los demás a resolver sus problemas. Valientes. Aventureros por naturaleza. Suaves y generosos. Mimosos. Tienen buena memoria. Les gusta motivar a los demás. Usualmente se enferman de la cabeza o del pecho.

Lo que vendría en todo caso a ser fatalmente cierto o incierto. En principio, no soy activo: soy pasivo, y quien pueda probar lo contrario lo reto a un trivial intercambio de golpes (bajos) en otras canchas. No soy dinámico: pues no creo serlo. No tomo decisiones, tomo trago barato, o en el mejor de los casos cerveza. Y la verdad, que sí: luego, en la feroz resaca, me arrepiento de ellas. No soy fuerte mentalmente, carezco de fuerza, sobre todo en el cuerpo, soy trémulo y garabateo mi quizabes frente a las pesas de mi hermano mayor. Y sí, me gusta que me pongan atención (al menos es mejor que me pongan chapas o apodos). Soy amigable con todos, y sí me gusta ayudar a los demás a resolver sus problemas, si primero están dispuestos a pagar por mis desinteresados servicios. Sí soy valiente, no cobarde: los maricones son los cobardes, los que pegan a las mujeres son los cobardes, no yo, porque hay que ser bastante valiente para soportar a las mujeres. Aventurero, no: una mujer basta (pero si por naturaleza es una sex simbol, es natural que sea aventurero). Soy tosco, no suave, ya muchas amigas me han dicho que mi lectura es tosca y hosca; y con respecto a generoso, puedo serlo, y qué duda cabe, al pedir generosos favores. ¿Mimosos?, quizá, pero no estoy muy convencido, en cualquier caso lo tendría que decir mi ex pareja, que se quejaba y quejaba por mi falta de romanticismo y ternura. Buena memoria, estoy seguro: todavía recuerdo la noche en que se me olvidó por completo el preservativo en casa cuando estaba con Jimena, gracias a mi deplorable y renuente memoria. No me gusta motivar a los demás, me gusta vomitar en los demás, que es lo que estoy haciendo con darles las cosas que humildemente pergeño. Y sí, canijo y pendenciero, me enfermo de la cabeza y del pecho: ya estoy harto de las drogas que me tienen enfermo.

Y mientras revelaba de un modo sincero mi autoexpiación para mí solito, sonó un pito agudo que me sacó de mis casillas y del mundo mío en donde me habitaba.

-Disculpe, ya está lista la tetera. Tendrá que lavarse las manos- dijo, de un modo brusco.
-Pero maestro, me las acabo de lavar- dije, mortificado.
-Es necesario, el periodista tiene que correr riesgos- dijo, sin importarle que allá afuera el frío inclemente congelaba hasta el tuétano de las personas, sin importarle que el pito agudo siguiese aturdiendo mis oídos.
En efecto, me lavé nuevamente las manos con agua tibia y un jabón jumbo reprobable en un lavabo de hostal, me las sequé con la toalla impostada y deslavada de Coca-Cola y el olor a humedad quedó impregnado en ellas, mis vírgenes. Al cabo de ese instante higiénico, me dijo, perdiendo de a pocos la paciencia:
-Acérquese, le leeré las manos.
Pensé: lavabo de hostal, papeles de calatas pegadas en las paredes, olores infrahumanos, servicio completo: esto no parece una consulta de cartas.
Nuevamente, y en un rapto de raro optimismo, creí que ahora sí el vidente huachano me diría algo acerca de mi futuro, motivo por el cual había ido a parar soportando las lavaditas de mano y su condenable emanación de pestilencias nauseabundas.

-Tenga, y dígame qué es lo que ve en mis manos- dije alcanzándolas al susodicho, y sentí nervios al verlas en poder de un extraño, pues eran ellas las que esa mañana me habían procurado placer solitario en la fría soledad de mi dormitorio ya que me encontraba sin pareja hacía dos meses y al parecer Maribel ya no pensaba en regresar conmigo, resignado a mudarme con dignidad al pueblucho llamado "Huanta dos", en donde están los reprimidos de sexo, hasta que placeres inimaginables me lleve al mundo donde, estando con Maribel, habitaba.
-La quiromancia es la lectura de manos, debe saber usted. Allí se sabe, mediante las diversas líneas y regiones, y con un buen criterio de lector, lo que le deparará el futuro. La persona indicada para hacerlo debe tener los siguientes aspectos: la intuición, la memoria, la motivación, el optimismo contagiante, la personalidad definida, la privacidad sepulcral, la seriedad, una buena atmósfera del lugar (sobria y ventilada), y (caray, se me olvidó encenderlas) el incienso de sándalo con una vela del color que el consultante escoja para magnetizar el ambiente y a concentrarnos en esto.
-Muy bien. Todo lo indicado estará en la crónica del domingo, maestro. Gracias por los datos- dije y sentí cierta pena al pensar que carezco de razones para una buena lectura de manos, pensando ¿será por eso que leo literatura basura? Debería leer a Coelho.
-No nos distraigamos, seguimos. Veo que usted tiene una mediana línea de la vida, otra menos larga que es la de la fortuna, y una más pequeña que pertenece al de la cabeza- finalizó, y soltó mi mano que ya temblaban con severa justificación.
-¿Y el de la salud? No me dijo nada de la salud.
-Casi no se ve- fue su críptica respuesta.

Parecí, entre tanto, recuperarme de las proféticas palabras del huachano. Y una estampita de San Judas Tadeo cayó de cualquier lugar, de todo el ñaque que cohabitaba con tamaño personajillo. Cráneos y fotografías de rostros y estatuillas y miles de huachafadas daban el puntillazo final al tugurizado espacio. Dije, sólo para cambiar de tema:
-Y ahora dígame que les dicen las cartas acerca de las preguntas que le acabo de formular.
Y volvió inexplicablemente con la cantaleta, y yo creyendo que hubiese sido correctamente acertado consultar en internet.
-Apuesto que eres ariano: ¡escucha atentamente!

ARIES:
Aventureros y energéticos, los Aries son pioneros y valientes. Son listos, dinámicos, seguros de si y suelen demostrar entusiasmo hacia las cosas. Pueden ser egoístas y tener genio. Los Aries son impulsivos y a veces tienen poca paciencia. Tienden a tomar demasiados riesgos. Sexualmente, libidinosos, uno de los signos más apasionados e impetuosos. Los sentimientos entran en ebullición. Lo dan todo por conseguir lo que quieren y no conciben esperar a que otro dé el primer paso. Les gusta el sexo breve e intenso. Les encanta flirtear. Pero las relaciones de Aries suelen terminar abruptamente. Su signo opuesto: Libra.

Y volví a creer que estaba siendo injusto en calificarme en ciertas malas tildaciones, primero porque en el caso de aventurero nada estaba dicho aún, y con referencia a energético, energético son los productos que dan vigor, como los yogures y los cereales, no yo, que soy mas bien un mal producto del matrimonio de mis padres y que estoy hecho básicamente de la energía de ellos; y no soy pionero, soy un copión recontra desfachatado, eso me lo ha hecho creer la increíble cantidad de comparaciones con escritores que en mi vida nunca he oído (y menos leído) pero que sin embargo me siguen persiguiendo, y claro que soy valiente, porque soporté a una mujer durante tres larguísimos meses. Soy listo (estoy listo para la acción), dinámico (escucho ceremoniosamente al dúo español el Dúo Dinámico), seguro de mí mismo (mejor si llevo un arma conmigo, por si las dudas me encuentro con algún enemigo mío) y suelo demostrar entusiasmo a la hora de la comunión con los amigos y con algunos tragos y piqueos. No soy egoísta, lo enfatizo categóricamente: el hecho de no prestarle mi enamorada a mi amigo para un 'choque y fuga' no quiere decir que sea egoísta. Y de tener un genio, ya quisiera: para pedirle por favorcito cumplir mis más caros deseos. De ser impulsivo, ya hubiera tomado la justicia con mis propias manos cuando mi ex amiga dijo que yo era un creído y un soberbio porque ¡todo el día sólo hablas de ti! Y la mucha paciencia que tengo la culpa la tienen todos aquéllos que me dicen "eres un buen amigo, te mereces un café en La Tiendecita Blanca", y yo llego puntual a la cita y espero y espero y termino en el frío suelo de Miraflores con la fría espera, cementando mi buena paciencia. En el caso de riesgoso, de hecho: quién diantres jala coca en las alturas de Markahuasi, una falla del corazón y pum, hasta mañana los pastores. Y doy todo por una buena relación, ya saben mis allegados que por una linda chica escribo estúpidos cuentos de amor (y sexo). Y en el ámbito sexual, puedo ser cualquier cosa, ya poco me importa lo que me diga mi signo astral: de mi sexualidad se ha dicho de todo. Y con referencia a mi signo opuesto, debe ser fatalmente falso (eso quiero creer): Mónica es Libra, ese pitoniso que consulta con cualquier oráculo (ya constaté el tal culo de la Karencita Dejo) debe estar mintiendo.

Luego de escuchar semejante ñagaza acerca de mi horóscopo, pregunté una vez más por las preguntas que hacía un rato había soltado, en un rapto de mostrar mi buena ortología de grado superior y mi contundente chismosería íntima. El huachano meditó, sacó una bola de cristal, la dejó en su mesa cubierta por un manto que parecía ser de la cultura Paracas, cogió una vela de cualquier color (no consultó conmigo acerca del color, como me había confesado que debía ser), y un olor más agradable invadió el recinto.
-Ahora veo una densa neblina en su vida. Todo le irá de maravillas, aunque no se ve más allá. Hay alguien que busca hacerle daño, y hay en medio una mujer... (Y yo recé que no sea una brusca-media-mujer que me añora.)
-Muy bien, Apolonio, pero al grano, acerca de mis preguntas, qué les dicen las cartas.
-Primero, en qué año usted vio por primera vez la luz divina.
-No entiendo, maestro.
-En qué año naciste, cuña'o- dijo y pareció perder la compostura. Le contesté con debido aplomo y me dije: no te sulfures, causita, en estos tiempos difíciles eso hace mal.
Y, como insultándome, me dijo: es usted un perro. (No dijo es usted perro o siquiera pertenece al año del Perro, si no simplemente ¡es usted un perro!)

EL PERRO:
Bondadoso, fiel, cabezota, confiable, obediente, instintivo, organizador. Ellos consideran que el mundo no es como debería de ser, aunque no tratan de cambiarlo, sino de adaptarse lo mejor posible. Por eso son muy buenos colaboradores y buenos amigos; ayudan y se dejan la piel por ellos. En el trabajo son buenos consejeros. Sus amigos y parejas confían en él. Ellos tienen buenos sentimientos con respecto a casi todo el mundo y siempre tratarán de ayudar, por lo que su vida en común puede ser algo agobiante. Tratarán de resolver los problemas ajenos, incluso antes de que se produzcan. Aunque no amen demasiado, aguantarán la relación y tratarán de sacarla a flote.

Otra vez con la misma vaina: esto es un complot contra mi buena personalidad. Primero porque la bondad la llevo a horcajadas y a veces me olvido de ella; fiel quizá (soy fiel a mis amantes, ah, y por cierto, fiel a mi flamante ex pareja). Confiable, claro, confío en mi buena estrella, y en nadie más. Obediente: obedezco todo lo que me receta el doctor, aunque acepto que más de una vez bebí alcohol cuando no debí hacerlo. Instintivo, no me consta, mi instinto suele habitar muy agazapado dentro en mí. Y organizador nato, organizo toda una velada con mi amada sólo para una noche entera de placer. Y con referente al mundo, quién soy yo para cambiarlo, para eso existen la ONU, la OEA, UNICEF, y otras entidades que ahora entiendo sé por qué el planeta se está terminando de ir al carajo. Por eso soy buen colaborador y buen amigo, y quien diga lo contrario es porque es un enemigo mío, que viene a formar parte de una lista epopéyicamente larga. No soy buen consejero en el trabajo, no tengo trabajo, y mis consejos son destructivos, ya tres parejas han acabado en el fango a raíz de mis consejos. Y no todos confían en mí (bueno, los que me conocen y leen, porque los incautos me cuentan sus peripatéticas vidas y me dicen en ti sí puedo confiar, y no en mi madre, que todo el día está pendiente de mí). Y mi labor de ayuda al prójimo está en tela de juicio, pues una vez fui colaborador de Caritas-Perú en La Feria del Pacífico sólo para pedir prestado (sin pedir prestado) unos polos y unas casacas de procedencia de la firma Umbro. Y eso de resolver problemas antes que estos se produzcan no es muy verídico: yo elaboro y maniobro los problemas antes que otros lo hagan. Y en caso de Maribel, no la amaba, pero sí la quería para un par de meses más.

Pero después de todo creí: caray, este tío es un omniscio, todo lo sabe, pero con respecto a mis preguntas quiero saber qué rechucha me dicen la putas cartas. (Creyendo que en cualquier otro caso debí haber pertenecido al año del Buey. Sin duda debí haber sido buey.)
-Ahora, y por el amor de Dios, que le dicen las benditas cartas, doc. ¡Siquiera dígame si Perú va a ir al mundial de Alemania, por favor, no me intrigue más!
-Con relación a sus preguntas, joven, aquí van- dijo el pitoniso Apolonio, que por cierto ya tenía jugada sus cartas. Entonces, las leyó, meditó, algo se dibujó en su mofletudo rostro, una mueca de estupor lo iba consumiendo, lo consumía, ahora el ceño fruncido, pareció descubrir algo atroz, me asusté, temblé (mierda, ha visto sida en las catas, ya me jodí), Apolonio tosiendo frenéticamente, convulsionando, escupiendo uno que otro indeseable amasijo de sus fosas, y dijo, como ofuscado, resumiendo todo:
-¡Usted no es periodista. Y me va a pagar cada centavo que cuesta mis servicios. Eso es lo que me dicen mis incondicionales!

Con esa sentencia, caminé por esa contaminada avenida, importándome nada mi baja autoestima, y supe que la lectura de cartas no era cosa de juegos, mientras echaba de menos a la casaca negra de mi padre, insistiendo: debí haber consultado en internet; y a la par pensando: Xandrox, todavía aquí se te llega a extrañar mucho-demasiado.


Texto agregado el 02-09-2005, y leído por 255 visitantes. (1 voto)


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