Avanzas y dejas atrás las instalaciones de ese complejo fronterizo de colores extraños, costumbres foráneas y miradas curiosas. A los pocos metros surge en medio de la inmensa genialidad del imponente paisaje andino un pequeño letrero con aires de melancolía. Todos se bajan y se sacan fotos, quizás quienes lo vean frecuentemente lo miren como a un aviso publicitario.
Pasas y al cruzar aquel insignificante letrero deformado por el viento hueles la fragancia de lo tuyo. Extraña sensación, diría cualquiera. El paisaje es el mismo. Quizás. Para él los colores del pavimento parecen cambiar de color, las plantas silvestres parecen saludarle y las tranqueras que de cuando en cuando aparecen junto al camino parecen construidas de manera distinta que al otro lado.
De repente notas que sueltas el pedal, las agujas del panel en tu automóvil se inclinan suavemente en forma horizontal hacia la izquierda, los árboles nativos desde el borde de la berma te hacen reverencias a la entrada y se asoma, allá a lo lejos, esa bandera que te vio crecer y cuyos colores vislumbraste desde la mas tierna infancia. Ahí esta ella, desteñida y azotada por el despiadado viento de los Andes, pequeña, como todas las banderas en esa zona.
Entonces te detienes, sacas los papeles del bolsillo y abandonas tu refugio con calefacción. El viento te pega en la cara y se inmiscuye por las mangas y el cuello. Corres. Abres la puerta y la tibieza del interior te parece a calidez hogareña. Observas las caras agachadas frente a las pantallas y formularios y te parecen familiares, incluso los colores de los uniformes de los policías de frontera.
Es hora de comer, en un rato más cierran las aduanas y sientes hambre. Tu auto baja zigzagueando por el angosto camino, y aparece junto a un arroyo una casita acogedora, y sigues. Avanzas, aparece un aviso que presagia la llegada al urbe, ya no encuentras nada, sientes la estela de fragancia de las marraquetas con la mantequilla derritiéndose, y sientes ganas de volver. Pero ya estás atrapado con luz roja, y el tráfico te lleva.
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