Y entonces tomaste aquel informe y lo observaste detenidamente, con malicia. Lo medías y lo pesabas. Recorrías mentalmente todo lo que antes habías visto. Eran deplorables. ¿Cómo era posible que fueran tus alumnos? ¿Y qué? ¿Gratificante? Por supuesto que no, pero una cosquillita te hacía sentir bien, algo así como el ego aleteando en tu interior, como enamorándose de ti. No por cumplir bien tu labor, simplemente porque eres excelente, insuperable.
Y apareció por fin. En el fondo sabías que llegaría, que cambiaría tu panorama. Desde que lo tomaste no podías dejar de pensar. Se "ve" bueno. Lo tomaste con desgano. Es que ya estabas cansado. Tu vista se deslizó suavemente en el albo papel, que contrastaba dulcemente con el negro seco de los caracteres del documento. Y mientras observabas la perfección estética de los escritos te decías a tí mismo:
- No puede estar bueno el contenido. |