Mis hijos están muertos,
los vi morir uno por uno
abajo de la sombra.
Ellos, que conocían el dolor,
crearon la ciudad de la palabra
y envueltos en ternura se alejaron.
II
La madre de mis hijos ríe,
susurra nanas frías en la noche
y ve como la luna se disuelve
en úteros ajenos.
III
Despierto ensangrentado,
lleno de luto,
con los prepucios tiernos de mis hijos
latiendo en libertad hacia la tumba.
Escribo este poema entre cadáveres,
y Dios sigue apuntándome con odio.
Sereno
-El poeta es un pequeño dios-
Vicente Huidobro
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