El grupo de “Los defensores de la Nostalgia” se reúne todos los jueves en el Bar de la sociedad de fomento de Villa Obrera.
El cartel sobre el mostrador le pone por nombre “La destrucción”. No se sabe si por el estado del edificio, o por el efecto que la pésima calidad del alcohol que allí despachan produce en los parroquianos.
El hecho es que escabian, bailan tangos y milongas, cantan desafinados, gritan y ríen a lo loco.
Algún ingenuo podría pensar que un nostálgico no tiene motivos para alegrarse.
La nostalgia, estimado lector, es la añoranza de un pasado que fue bello, de un amor inolvidable, de un momento de gloria o una belleza marchita.
Quien alguna vez tuvo alguna de estas cosas, o quizás otras igual de deseables, tiene sobrados motivos para la sonrisa.
Veámoslo de esta manera, quien no se divierte es un amargado
Y los amargados son los que nunca tuvieron nada.
GG
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