Sonó el teléfono, escasos minutos antes, desperté,
más no tenía ni sed, ni ganas de ir al cuarto de baño.
Las 4:45 de la madrugada,comprobé una vez más, que era esa hora, y dí un vuelco, sin embargo la serenidad se hizó compañera durante el trayecto hacia casa de mis padres.
Ví la ambulancia, junto a la puerta, de nuevo, la calma me susurró:¡ Está bién !.
Todos permanecían atónitos,el silencio rrecorría toda la casa y me invitó a subir a su cuarto. Se hallaba con los ojos cerrados. Y mi otro yo, tal vez las dos, yo misma y el silecio absoluto, me hacia ver un hilo de esperanza.
Evidentemente, todo terminó ,cuando mi hermana arrancó a llorar desesperadamente abrazada a mi madre, la cual, cogía la mano helada de mi padre.
La impotencia de asimilar la perdida de un ser querido, en ocasiones te paraliza los sentimientos, andas en una nube sin rumbo a seguir, ecepto el eco de la frase: ¡NO ES CIERTO, NO ES AMÍ, A QUIÉN A SUCEDIDO ESTO! |